Revisando: opinión

En definitiva, no tenemos la madurez suficiente para tener una actitud más frontal en el momento de emitir opiniones controvertidas, sentimos que dañamos y separamos al resto. Las huellas de nuestra historia llevan a eso, pero claramente deberíamos mirar al futuro y buscar formas que el debate público sea franco y directo, pero que no genere una destrucción a la tan necesaria amistad pública.

Si hablamos de la televisión, el resumen no es halagüeño. Si bien ya salimos de lo más profundo de la crisis económica que aquejó la industria desde 2014, hoy la situación de crisis también ha afectado seriamente a los contenidos vertidos por la televisión local.

El hablar de esas pequeñas cosas inexplicables de la vida, aquellas cuyo destino es solo la fatalidad y la muerte, pero que por la fuerza de la voluntad (y también aquello que no tiene una justificación terrenal) termina con un final feliz a lo mejor no va a cambiar nuestras vidas y la coyuntura en general, pero mantener en alto el optimismo y la fuerza de voluntad en algo pueden servir como una base para poder salir adelante.

Hoy echamos la culpa de una manera muy central a los medios hegemonicos en crear un ambiente negativo y sin grandes perspectivas de futuro, pero es necesario entender que hoy los canales tradicionales de información ya no crean las agendas informativas, sino estos medios simplemente son cámaras de eco de lo que transmiten las redes sociales, y dentro de ello se encuentra aquellos sentimientos de irritación que cada vez se hace más presente en los discursos públicos.

El presente, al proyectarse en un escenario de incertidumbres cada vez más abiertas, no ofrece respuestas claras y más que nada genera preguntas todavía más complejas, por eso quedamos con la sensación de que el pasado era mejor, sin conocer las complejidades y dificultades que vivían las personas en el ayer. No podemos dejar de advertir que la memoria, aunque directa y emocional, es selectiva y muchas veces tampoco es la herramienta más precisa.

Como siempre, a última hora y de una manera incompleta, la televisión debía cumplir un deber que no priorizó a tiempo, todo lo demás ha terminado siendo una pérdida. La más clara demostración de la crisis que tiene esta industria desde hace una década y no encuentra una salida inteligente al dilema que sufre.

Hace poco, el para nada alarmista periódico español El País tituló con la nada esperanzadora advertencia del advenimiento de un gran conflicto bélico a nivel europeo. En Chile muy pocos medios tomaron mucha atención a esta noticia. Es más, los medios en las últimas semanas se han concentrado en poner más atención al devenir de la familia real británica más que cubrir hechos de real importancia para la vida cotidiana de nuestros ciudadanos.

Ante en actual escenario, y próximos al advenimiento de la instalación definitiva de la televisión digital en Chile, vemos las esperanzas en las pequeñas cadenas, hoy a veces invisibles ante el poder de los grandes canales, con la capacidad de ofrecer una programación alternativa y original, creando canales que tengan una identidad propia y no generen la sensación que evidencia el televidente que todos los canales están pasando una programación muy similar entre ellos.