Revisando: opinión

Atribuir el debilitamiento de la televisión a un hecho trágico termina escondiendo los reales motivos de la crisis televisiva, otorga elementos emocionales a un tema que debe analizarse desde criterios objetivos y finalmente quita responsabilidad a los ejecutivos de la industria local de la profunda crisis de la televisión chilena que lleva vigente más de una década.

Hoy mismo, ante la crisis de inseguridad imperante se reflejan reacciones similares desde la otra parte de la vereda, todavía es tiempo para serenar nuestro temperamento y pensar de una manera calmada los asuntos que nos aquejan. No vaya a ser que el remedio termine peor que la enfermedad.

No cabe dudas que se necesitan personas valientes que busquen desnudar los diferentes hechos que degradan la confianza hacia las instituciones públicas. Es necesaria la vigilancia de los poderes públicos para garantizar un sano desarrollo para nuestras democracias, pero también es necesario que se haga a través de un ánimo constructivo, sin ofender a las personas.

Será ahora necesario poner la pelota al piso si la alocución de Vidal tiene razón o no y sobre todo, si es necesario rescatar a TVN de la manera propuesta por el gobierno. Pero finalmente fue el estilo que siempre hemos conocido de este personaje público, el necesario para poner en debate un tema que más allá de los problemas urgentes, es fundamental y este es la necesidad de contar con un medio de comunicación público y sobre todo, la finalidad que este debe tener en la sociedad.

Son los últimos años en que podemos poner un toque de diferenciación, pero más que nada es una manera de reaccionar ante la mayor viralización de fenómenos informativos a través de las redes sociales. Lo que vemos es más que nada es una demostración de ensimismamiento de los medios tradicionales en torno a su misión social, sobre todo en un momento de grandes pérdidas económicas.

Tal vez sea la mejor forma de darle un fin decente a un formato que ya no convence a los ejecutivos de los canales chilenos y prioricen contenidos que les resulten más efectivos y llamativos, así también hacen un gesto de honestidad con lo que pretenden ofrecer al público.

Debemos empezar a pensar seriamente en una reestructuración importante de la televisión abierta como concepto, y entender que esta ya no será el principal instrumento de entretención masiva. En el intertanto, vivirá un proceso donde algunos participantes lisa y llanamente desaparecerán, o mantendrán un papel que bordea lo intrascendente e incluso lo ridículo.

Sin dudas que este camino generará grandes resistencias, especialmente por la reticencia del público que prefiere el contenido local. Pero hoy más que nunca es necesario unir fuerzas y voluntades para ser capaces de competir y mantener el alto la identidad latinoamericana a través de los medios.

En definitiva, no tenemos la madurez suficiente para tener una actitud más frontal en el momento de emitir opiniones controvertidas, sentimos que dañamos y separamos al resto. Las huellas de nuestra historia llevan a eso, pero claramente deberíamos mirar al futuro y buscar formas que el debate público sea franco y directo, pero que no genere una destrucción a la tan necesaria amistad pública.

Si hablamos de la televisión, el resumen no es halagüeño. Si bien ya salimos de lo más profundo de la crisis económica que aquejó la industria desde 2014, hoy la situación de crisis también ha afectado seriamente a los contenidos vertidos por la televisión local.