Revisando: opinión

El show de luces ya no favorece al gobierno de turno como en los años de Pinochet, sino que a figuras que se ríen de la desgracia ajena, de la tragedia, de la corrupción y la delincuencia para ganar mayor visualización. Sus réditos no son políticos (al menos hasta ahora) sino de simple provecho personal. Pero cada día más, los JC Rodríguez, los Neme y los Sepúlveda quedan en entredicho por los propios espectadores. Y eso es nuestro principal respaldo que refleja en que la gente no es tonta ni se deja resistir a la presión de figuras populistas y oportunistas. Y esa es la principal esperanza, que la gente, a través de su decisión vaya enterrando este vestigio tan pernicioso para nuestra televisión.

Tenemos claro que la televisión chilena fue construida bajo el impulso de las élites intelectuales y políticas del país, esto se ve reflejado en que estos grupos impidieron por décadas el surgimiento de una televisión privada que generaría una deterioro de los propósitos fundamentales de la industria como era educar, entretener e informar al país, generando mecanismos de integración social, la televisión era un elemento de construcción de identidad nacional, en desmedro de la televisión privada que buscaría generar réditos particulares hacia los controladores de los canales. Pero más allá de estas intenciones, la televisión buscaba formar a la población, este propósito no se reflejaba necesariamente a través de programas en específico sino en el estilo de hacer televisión.

Es necesario hacerse la interrogante si los canales de televisión hacen estas coberturas pensando en la urgencia y la necesidad social que estas pueden tener, o si por el contrario, se aprovechan de las circunstancias para crear “transmisiones especiales” solamente para sacar unos puntos de más con el pretexto de de alguna urgencia que está sucediendo. Si lo que ocurre realmente es lo segundo, estamos viendo una instrumentación de la tragedia, transformándola en un show mediático con el puro objeto de transformar la tragedia en una forma de que la gente se apegue a los televisores.

Para muchos, los Esports aún se ven como algo curioso o “poco deportivo”. Pero la industria del gaming -que genera utilidades por 200 billones de dólares, más que el cine y la música juntos- ha dado saltos enormes para profesionalizar su cara competitiva.

Por mucho que se haya dado la inversión tecnológica hacia los más jóvenes, no podemos dejar de lado la experiencia de quienes nos antecedieron, en honor a ellos no podemos dar la mano tendida a estos grupos. Que este aire fresco no maree la decisión de los canales y se dignen en ofrecer un contenido a la altura para aquellos que nunca han dejado sola a la pantalla chica, incluso en sus momentos más difíciles. 

Sin dudas que los nichos tienen una carga discriminatoria visible en que se prefieren a las generaciones más jóvenes y con alta capacidad de poder adquisitivo, el enfoque parece nuevamente privilegiar a aquellos que apuestan a las nuevas audiencias en desmedro a aquellas que les han sido más fieles a los medios tradicionales. Sería interesante como buscar alguna forma de superar este percance, pero hasta el momento, lo mejor que se puede realizar por parte de los medios tradicionales es efectivamente buscar a las nuevas generaciones, lo de Chilevisión fue un paso arriesgado pero que finalmente dio frutos.

Es que así están las cosas, hoy se consumen los diarios más que por las noticias y reportajes, se acude a ciertos personajes que opinan de la actualidad a través del ejercicio argumentativo.

Desde esta tribuna, y sobre todo desde este sitio, se busca constantemente que en este país exista efectivamente una mejor distribución en torno a la concentración de los medios, pero esta se debe hacer de una manera clara y sin usar subterfugios que generen sospechas, aunque éstas provengan de grupos interesados y que cuyo compromiso con la libertad de expresión no siempre resulta ser la misma en diversos contextos históricos y sobre todo, en diversos regímenes ideológicos. 

Si resulta reconfortante para el proyecto de Chilevisión el motivar a nuevos públicos e integrar de manera exitosa a las plataformas móviles, es algo que no puede dejar de olvidar en modelos venideros, pero si hay algo que paradojicamente ha quedado claro es que este ha sido un éxito de nicho, encuadrado en un público milennial y centenial, pero que es insuficiente para ser un éxito comercial.

Tal vez Gran Hermano Chile no genere el mismo impacto que su par argentino, pero al menos está estableciendo elementos reales de lo que debe ser la televisión debe asumir en los próximos años: trascender más allá de la plataforma convencional e ir hacia los nuevos públicos en los espacios donde éstos confluyen.