Revisando: Domingo en Serio

Al final y al cabo, La Ley de Baltazar ha pasado a ser una válvula de escape de los problemas que hemos vivido los chilenos en el último tiempo. Es ver una historia agradable, con sus toques necesarios de drama, pero al final engancha por sus poderosos parajes y una argumentación sólida. Lástima que cada vez los capítulos sean cada vez más cortos y que inmediatamente vengan las noticias porque el ánimo desaparece en cosa de minutos…es tan difícil a veces volver a la dura realidad.

No se confunda, diría Chanel Terrero. La televisión lineal seguirá siendo importante, pero el problema es que lo será solo para quienes todavía piensan que sus códigos rigen en tiempos donde ya no tiene el poderío que tenía antes; y a quienes añoran la época de bonanza de los 80s y 90s y anhelan que esos tiempos van a volver. Al final, la televisión cambió. De eso no cabe duda. Y la forma de analizarla, también.

Son días difíciles, oscuros, y que lo sufren nuestros compatriotas debido al aumento de la brutalidad criminal reflejado en los crímenes en contra de los funcionarios de carabineros. Pero la oscuridad no sólo proviene de los delincuentes. Vemos con sincera preocupación el surgimiento de una verdadera caza de brujas hacia cualquiera persona que ose criticar las medidas tomadas para enfrentar la delincuencia y se priorize la mal ponderada opinión de personas que solo reflejan la voz del más fuerte.

El repudio transversal pero no unánime refuerza la tesis de un congreso desprestigiado, y los medios así no lo dejaron pasar. Sin embargo, esto a la vez refleja la baja calidad de la que alguna vez fue “un homenaje a sus oidos”, que se enorgullecía de sus innovaciones en la transmisión y del poder de su red de su red de emisoras, capaz de abarcar poblados y carreteras.

Este año no solo conmemoraremos los cincuenta años del Golpe de Estado, sino que también tenemos que recordar que la convivencia democrática estaba seriamente dañada previa al Golpe y lamentablemente los medios de comunicación, sobre todo los escritos, jugaron un papel protagónico en la polarización política y deshumanización contra los adversarios.

Habría que hacer varias columnas más para seguir abarcando la diversidad que constituyó ese año para la pantalla chica local, pero solo queda concluir que 2003 fue uno año inolvidable para la televisión chilena, para bien o para mal, ese año confirmaba que la industria televisiva local mantenía su alto impacto y su capacidad de renovarse ante los nuevos públicos.