Son alrededor de las 20:45 de la noche y llegamos a los estudios de Chilevisión. Todos corrían de un lado para el otro, y del otro para el uno. Y no era para menos, pues quedaban minutos para que comience el primer capítulo de “Fiebre de baile”, que supo ganarse su status de ser el programa de entretención más importante de la televisión chilena. Todo el canal estaba activo. Y es que después de tiempos donde escaseaba la producción nacional, ¿no es bueno que un estudio cobre vida?
Llegan las 21:30, el público y los invitados hacen fila para hacer ingreso al Estudio 3. Dicen que el número, además de traer buenos recuerdos, también da buena suerte. La prensa también llega de a poco para hacer el trabajo de contar los momentos que se viven.
Julio César Rodríguez, director de programación y rostro del canal, aparece para afinar los últimos detalles antes de monitorear. Los concursantes acuden a tomar posición, mientras reciben el apoyo de quienes fueron a cubrir la inauguración.
Mientras CHV Noticias ofrece un reportaje de impacto sobre el sicariato en Perú y sus posibles nexos con Chile, ya el “Estudio Show” de Machasa está en su máxima capacidad, entre los comunes y silvestres y los reporteros.
Las 22:45 han dado y sereno. La pista se encendió y la obertura tuvo la altura de un programa que volvió para darle entretención a un país agobiado por las malas noticias de los matinales y noticieros. GCs como “¡Volvimos Chile!, Es hora de bailar” azuzaban a los telespectadores a unirse al baile y ser parte de un fenómeno que aprovechó bien el tiempo de las redes sociales.
Llega el duelo de a tres. Valentina Roth volvía a la televisión por la puerta grande ganando la terna ante una experimentada Karen Paola y una Disley Ramos que tuvo serios problemas con los “lifts”, como lo precisó la maestra Edymar Acevedo. Luego, la aparición de José Antonio Raffo y Gonzalo Valenzuela. “Este tipo solo caminaba” decían quienes estaban en la sala de prensa.
Una grata sorpresa sucedió también cuando apareció Felipe Izquierdo y encantó a propios y ajenos. Sorprendió con sus pasos de baile y ganó con justicia a Mariela Sotomayor, que en uno de los pasillos recibía los consejos de su maestro para sortear con éxito la fase de eliminación.
Otro momento esperado, el de dos tremendas artistas. Antonella Henríquez, desde el mundo del circo; y Soulfía, la estrella juvenil de nuestra música. La primera logró vencer con unanimidad, mientras que la “pantera” deberá demostrar su innegable talento para el baile. Para muchos le jugó en contra la canción que escogió, Saoko de Rosalía.
Quedó postergado el duelo entre Botota Fox y Junior Playboy, pero qué más da. Se acabó el capítulo y todos felices. Lideraron en sintonía, que era lo primordial. Julio César que volvía, se abrazaba y saludaba a todos. También se avisoraba un Cristián Henríquez que miraba chocho como su retoña debutaba por todo lo alto. Era la fiesta que volvía a una pequeña pantalla que buscaba un respiro entre tanta sangre, muerte y tragedias.
Algunas preguntas están pedaleando por los aires. ¿Fue buena idea sumar a Francisca García-Huidobro, que no paraba de buscar brega con Vasco Moulián? ¿Habrá sido acertado el tener cinco jurados? ¿Llegará Fran Maira al programa o su situación judicial le impedirá estar en la pista? Lo único claro es que el éxito fue tal que empresas clase A como una compañía de seguros de origen suizo puso su pauta en el programa, cuanto o más importante que la cantidad de espectadores. Aún queda temporada. Esto recién comienza.
