Las salidas de Pitu Valenzuela y Yamila Reyna, y las contrapartes de la amenaza de Daniela Aránguiz de difundir un video sexual y Priscilla Vargas culpando a Maite Orsini de un asalto a pito de nada, demuestran que la televisión chilena está perdida en un pantano donde no tendrá escapatoria.
Revisando: Editoriales
Esta es la televisión de la crisis, que no destierra sus fantasmas y lo que es peor: Quiere volver a abrazarlos. No tienen idea que ese “Gasparin” tiene sus armas bien afiladas y puede dejar otra hemorragia financiera, peor que la de 2014.
Ciudadanos de esta comarca, la televisión chilena ha muerto. Fueron 67 años de historia que han acabado de mala manera. Despidámosla como se merece.
Las amenazas de Daniela Aránguiz y el desprecio de Francisco Kaminski demuestran la violencia con los que los referentes de la farándula siempre han reaccionado.
La actitud que ha tenido Paul Vásquez contra Luis Slimming lo ha convertido frente a las redes en un “boomer” que lo tiene trabajando para la farándula que se la tiene jurada al comediante.
El problema no es que los grandes diarios y los matinales ignoren por completo casos como la formalización del alcalde UDI de Buin o la sospechosa muerte del funcionario municipal de Las Condes. El problema es otro: La falta de pluralismo que tiene al ecosistema multimedial chileno en fase terminal.
Yamila Reyna se equivocó y TVN así lo entendió y le aplicó una amonestación por escrito. Una medida disciplinatoria de parte del canal estatal que escasea en otras estaciones.
Que una figura como Naya Fácil, con la vida polémica que se le conoce, haya hecho más por ayudar a los damnificados que alguien que representa a quienes la tildan de “chabacana” como Chiara Barchiesi dice mucho, y a la vez todo.
Mientras Daniela Aránguiz sigue ganando dinero a manos llenas en el reality “Tierra Brava”, a Maite Orsini la expulsan de Bomberos. ¿Alguien sigue dudando del poder de la farándula chilena para bajar a unos y posicionar a otros?
La preocupación por la presencia de Peso Pluma y el contenido de sus letras en el próximo Festival de Viña tendría coherencia de no ser porque es la misma televisión la que promueve la cultura narco televisando “funerales de alto riesgo” y acogiendo a cuestionables rostros como Helhue Sukni.