El regreso de estos programas, lejos de una promesa incumplida de “subir el rating” y de “atraer avisadores”, terminó provocando todo lo contrario, en una televisión que no deja de ser cuestionada. Sea por su sesgo informativo e ideológico, o por la nula presencia de contenidos de calidad, o la redundancia de sus contenidos. ¡Es que todos se repiten!
Revisando: Editoriales
Es paradójico que un género busque refrescar la pantalla haciendo lo mismo de hace catorce años, ahora sin el beneplácito de la audiencia y los anunciantes.
¿Para qué hacer un balance de lo que ha sido el año en materia televisiva si todos sabemos que el saldo es negativo y lo que viene no es auspicioso tampoco?
Muchos defensores de la farándula han aprobado este nuevo aire diciendo que es un oasis entre tanta violencia y operaciones políticas que ejercen noticieros y matinales, sin embargo las conductas de algunos “próceres del farandulismo” no tienen nada que envidiarle a los delincuentes y narcotraficantes que llenan las pautas de los matinales.
Cada vez que Katy Perry va a Brasil, la Globo nos recuerda indirectamente que el camino que estamos siguiendo ha sido siempre el equivocado.
Mientras los VMAs alcanzan su audiencia más alta en cuatro años, y RTVE y la Rai buscan la innovación con espacios atractivos que lideran, en Chile se revive un muerto y se llama a los más funados de una cuestionada farándula para sobrevivir con lo que se puede.
En medio de bajas audiencias y paupérrimos niveles de avisaje, credibilidad y calidad, llegó lo más innovador que a sus criterios nos pueden ofrecer: Un programa farandulero hecho para sus nostálgicos.
Volver a apostar por un género que ocasionó la quiebra total de la industria durante la década pasada significa asumir, de buenas a primeras, un fracaso de la misma ante la arremetida digital y la baja de audiencia y de auspiciantes.
El eventual regreso a la farándula demuestra que la televisión chilena tiró la toalla frente a la baja de la torta publicitaria y la preponderancia de espacios digitales que lo hacen incluso mejor que los canales tradicionales.
Los que creemos en el pluralismo de los medios de comunicación, en la crítica sensata y mesurada, y que al mismo tiempo hemos investigado las distintas realidades de países que vivieron procesos políticos similares, tenemos derecho a estar preocupados.