Dentro de la normalidad, un concierto de una banda de K-Pop no podría ser, en absoluto, un motivo para una crisis política. Pero el régimen de José Antonio Kast lo ha logrado, por errores propios. Por muchos pecados, y el más grande: Su incompetencia.
La negativa de Natalia Ducó al Estadio Nacional de pisa y corre abre un nuevo flanco a partir de la poca experiencia y el maquiavelismo con el que operan los Republicanos. Quiere hacer con las ARMY lo mismo que hizo con sus colegas del Team Chile al dejarlos sin Juegos Olímpicos Nacionales, solo por la envidia que le genera que ella fue sancionada por dopaje mientras llegaban las medallas olímpicas. El no ser parte de la historia de nuestro deporte le dolió, tanto que se vengó de la manera más miserable.
Al contrario del Comité Olímpico y de los deportistas que aceptaron con resignación la mala noticia sin ninguna oposición fuerte de por medio (lo que es pésimo, porque el hecho de que sigamos teniendo logros concretos depende de una adecuada preparación y apoyo), la fanaticada de BTS no se quedó de brazos cruzados.
Al ver que su concierto corre peligro por la ineptitud de nuestro intento de gobierno, llenaron las plazas y los parques, como se vió durante el pasado viernes y domingo. La fanaticada está haciendo presión para que los conciertos se hagan según estaba estipulado.
Y es que según hemos podido investigar, HYBE (la agencia que maneja a BTS entre otros artistas) no es una empresa que haga negocios a tontas y a locas. Tampoco la Agepec, que hoy sacó un comunicado argumentando que Ducó no sabe siquiera lo que está hablando, porque las giras mundiales se planifican con demasiado tiempo. No es llegar y anunciar sin nada seguro.
Entonces, Ducó no sabe de lo que habla. El oficialismo tampoco. El apenas 37% de los que siguen bancando al régimen de Kast, menos.
Porque son los primeros en denostar a las ARMY por protestar por un concierto para el que han pagado mucho dinero, hay eventos, rifas, gente de esfuerzo. ¿Qué sabrá Republicanos de ello si llegaron al parlamento sin tener los títulos ni el recorrido por luchas sociales? ¿Qué sabrá ese porcentaje que aún está rodilla en tierra con Kast de lo que es pisar un aula?
Dentro de los que marcharon el pasado domingo hay más títulos y cotizaciones previsionales que en toda la bancada que hoy ocupa ambas cámaras, de las cuales solo hemos sabido de polémicas relacionadas con la vestimenta y el apoyo a criminales de lesa humanidad más que de una inexistente labor legislativa. ¿Alguien sabe qué leyes han promovido Paz Charpentier, Javiera Rodríguez, José Carlos Meza, Luis Fernando Sánchez y otros compañeros de bancada? ¿O solo sirven para ser jefes de barra de un intento de gobierno que muestra con orgullo su incompetencia?
Entonces, ¿para qué sirven las carreras de Derecho, Ciencias Políticas y Filosofía si al final quienes llegan a cargos de poder son gente que difícilmente podrían ser siquiera académicos? Por el contrario, hay muchas ARMY que son incluso profesores, psicólogos, médicos, abogados, y largas ocupaciones.
Porque eso es lo que hace la música y la cultura. Sea cual sea el género, une como ha unido a todos los fandoms y a quienes cubrimos a diversos artistas y eventos en un objetivo claro: Que no se toque el sueño de miles de personas.
Yo no he dejado de pensar qué pasaría si Jeannette Jara hubiese estado en La Moneda. A veces me dan ganas de inventar una máquina del tiempo con ChatGPT, volver a diciembre del año pasado y revertir los resultados. Porque de ser otro el panorama, el concierto se hubiera realizado, en los ministerios habría gente competente, cercana y que sabría con seguridad de los temas que se le exigen. ¿O acaso ser inteligente y estudioso también es de comunistas?
Si al final, uno se decepciona de la democracia porque solo premia a gente que no tiene dedos para el piano como los que están hoy fracasando en el intento de gobernar y legislar. Y ese precio es muy alto. Y las ARMY no están dispuestas a pagarlo. Nosotros tampoco.
