Mientras los VMAs alcanzan su audiencia más alta en cuatro años, y RTVE y la Rai buscan la innovación con espacios atractivos que lideran, en Chile se revive un muerto y se llama a los más funados de una cuestionada farándula para sobrevivir con lo que se puede.
Revisando: Domingo en Serio
La salida de importantes empresas de “La casa de los famosos” tras desafortunados dichos de su participante Adrian Marcelo distan mucho de la pasividad del avisaje nacional respecto al bullying en programas como “Ganar o servir”.
En sus primeros capítulos al aire, el franjeado de Canal 13 tuvo de todo: Desde un hostigamiento mediático hacia Maite Orsini por una nimiedad, hasta la imprecisión de Cecilia Gutiérrez respecto a una supuesta relación de JP Crettón con Yamila Reyna.
Hoy mismo, ante la crisis de inseguridad imperante se reflejan reacciones similares desde la otra parte de la vereda, todavía es tiempo para serenar nuestro temperamento y pensar de una manera calmada los asuntos que nos aquejan. No vaya a ser que el remedio termine peor que la enfermedad.
La farándula chilena quiso imitar el modelo argentino que tanto éxito había tenido en su televisión. Sin embargo, faltó el ingenio, la picardía, el destape y hasta el talento y carisma de las vedettes trasandinas.
El género que prometió traer el tan postergado destape a la pantalla chica terminó siendo el más hostil, poco empático e irrespetuoso con las mujeres.
No cabe dudas que se necesitan personas valientes que busquen desnudar los diferentes hechos que degradan la confianza hacia las instituciones públicas. Es necesaria la vigilancia de los poderes públicos para garantizar un sano desarrollo para nuestras democracias, pero también es necesario que se haga a través de un ánimo constructivo, sin ofender a las personas.
En medio de bajas audiencias y paupérrimos niveles de avisaje, credibilidad y calidad, llegó lo más innovador que a sus criterios nos pueden ofrecer: Un programa farandulero hecho para sus nostálgicos.
Las críticas que reprochan, en su mayoría, el tono sensacionalista de estos espacios, como también la falta de pluralismo o de igualdad en las críticas, han causado que la sumatoria de los cuatro espacios sea la menor desde 2022.
Son los últimos años en que podemos poner un toque de diferenciación, pero más que nada es una manera de reaccionar ante la mayor viralización de fenómenos informativos a través de las redes sociales. Lo que vemos es más que nada es una demostración de ensimismamiento de los medios tradicionales en torno a su misión social, sobre todo en un momento de grandes pérdidas económicas.