Revisando: Domingo en Serio

El problema no es el rasgo etáreo de quienes componen la farándula chilena, sino que sus genios y falta de aptitudes la que logra que sea tan cuestionada. Si la situación fuese distinta y hubiesen aptitudes como en Argentina, Brasil o México, tal vez sería mucho más pasable, incluso en este portal. Pero como no es así la cosa, habrá que resistir. Y criticar con datos en la mano.

Finalmente, será el público quien terminará juzgando si poner a tantos famosos en los programas termina siendo un estímulo para generar mayor sintonía en los programas o habrá demostraciones de sopor.

No quepa dudas que esta página tiene un bonito espejo retrovisor y que siempre se honra de manera expresa y evidente los contenidos del pasado, asumimos un componente nostálgico en este portal. Pero creo que es inconducente seguir con una tonalidad que haga caso omiso a las transformaciones que la sociedad ha vivido.

El show de luces ya no favorece al gobierno de turno como en los años de Pinochet, sino que a figuras que se ríen de la desgracia ajena, de la tragedia, de la corrupción y la delincuencia para ganar mayor visualización. Sus réditos no son políticos (al menos hasta ahora) sino de simple provecho personal. Pero cada día más, los JC Rodríguez, los Neme y los Sepúlveda quedan en entredicho por los propios espectadores. Y eso es nuestro principal respaldo que refleja en que la gente no es tonta ni se deja resistir a la presión de figuras populistas y oportunistas. Y esa es la principal esperanza, que la gente, a través de su decisión vaya enterrando este vestigio tan pernicioso para nuestra televisión.

Tenemos claro que la televisión chilena fue construida bajo el impulso de las élites intelectuales y políticas del país, esto se ve reflejado en que estos grupos impidieron por décadas el surgimiento de una televisión privada que generaría una deterioro de los propósitos fundamentales de la industria como era educar, entretener e informar al país, generando mecanismos de integración social, la televisión era un elemento de construcción de identidad nacional, en desmedro de la televisión privada que buscaría generar réditos particulares hacia los controladores de los canales. Pero más allá de estas intenciones, la televisión buscaba formar a la población, este propósito no se reflejaba necesariamente a través de programas en específico sino en el estilo de hacer televisión.