La televisión chilena debe tomarse más en serio el problema del actual parlamento, pues pareciera que el periodismo no está haciendo la pega y, por el contrario, se dedican a invitar a dichos “trolls” a los matinales. Es importante que, al igual que en Perú, se eleve el nivel de nuestra cada vez más decepcionante política y se contribuya a que podamos tener, cuanto antes, un Congreso responsable, bien valorado y con gente correcta sin distinción del color político.
Revisando: Opinión
Esta no es la televisión que queremos tener. Ni a Yamila Reyna ni a nosotros como portal nos gustaría la psicopatía con la que la farándula actúa a diario. Porque pueden perdonar la vulgaridad, la toxicidad, los nexos oscuros, las polémicas (por muy sinsentidos que puedan ser) y las palabras ofensivas. Pero si hay algo que no perdonan es el éxito, sobre todo si se trata de alguien que no busca dañar a nadie.
Al final y al cabo, La Ley de Baltazar ha pasado a ser una válvula de escape de los problemas que hemos vivido los chilenos en el último tiempo. Es ver una historia agradable, con sus toques necesarios de drama, pero al final engancha por sus poderosos parajes y una argumentación sólida. Lástima que cada vez los capítulos sean cada vez más cortos y que inmediatamente vengan las noticias porque el ánimo desaparece en cosa de minutos…es tan difícil a veces volver a la dura realidad.
No se confunda, diría Chanel Terrero. La televisión lineal seguirá siendo importante, pero el problema es que lo será solo para quienes todavía piensan que sus códigos rigen en tiempos donde ya no tiene el poderío que tenía antes; y a quienes añoran la época de bonanza de los 80s y 90s y anhelan que esos tiempos van a volver. Al final, la televisión cambió. De eso no cabe duda. Y la forma de analizarla, también.
Son días difíciles, oscuros, y que lo sufren nuestros compatriotas debido al aumento de la brutalidad criminal reflejado en los crímenes en contra de los funcionarios de carabineros. Pero la oscuridad no sólo proviene de los delincuentes. Vemos con sincera preocupación el surgimiento de una verdadera caza de brujas hacia cualquiera persona que ose criticar las medidas tomadas para enfrentar la delincuencia y se priorize la mal ponderada opinión de personas que solo reflejan la voz del más fuerte.
Sin dudas que uno revisa todo lo sucedido, ve el abrupto y lo primero que piensa es que el momento no era adecuado, que el medio tampoco era el mejor y al horario, bastante imprudente. Pero de ahí, que un canal de Televisión donde prácticamente prima el “Periodismo de Trinchera” o el “Periodismo militante” hacia cierto sector político y económico, decida despedir a la profesional ya es demasiado inoportuno, y refleja un síntoma terrible de lo que se vive dentro de Prensa y del Canal en cuestión.
Este año no solo conmemoraremos los cincuenta años del Golpe de Estado, sino que también tenemos que recordar que la convivencia democrática estaba seriamente dañada previa al Golpe y lamentablemente los medios de comunicación, sobre todo los escritos, jugaron un papel protagónico en la polarización política y deshumanización contra los adversarios.
En definitiva, Viña terminó gozando de un rejuvenecimiento de su público, algo necesario para su supervivencia y para atraer a los avisadores. Además, más que competir con Lolla, Viña supo buscar artistas que si bien comparten un mismo rango etáreo, no son lo suficientemente alternativos como para entrar al show de marzo.
Usar la violencia por sobre un argumento y que este sea validado por varios medios solo habla mal del que la emplea, y existen muchas maneras: La violencia física, como es el caso de Claudio Reyes contra Jaja Calderón, y la violencia verbal.
Habría que hacer varias columnas más para seguir abarcando la diversidad que constituyó ese año para la pantalla chica local, pero solo queda concluir que 2003 fue uno año inolvidable para la televisión chilena, para bien o para mal, ese año confirmaba que la industria televisiva local mantenía su alto impacto y su capacidad de renovarse ante los nuevos públicos.