Todo refleja que la televisión ha tomado un nuevo aire, en donde ha vuelto a tomar una presencia social que no se había reflejado desde hace tiempo. Incluso el último partido de la selección marcó unos altísimos 40 puntos de rating promedio, a sabiendas que el fútbol vive una crisis tanto deportiva como institucional y la atención por “La Roja” no se asemeja a la vivida en los años de la “generación dorada”. Esperemos que sea este el estimulante que genere que otros contenidos vuelvan a ser atractivos para el gran público y que la industria nacional vuelva a tomar mayor complejidad.
Revisando: Opinión
La reformulación de “Sígueme y te sigo” anunciada por TV+ reafirma que a la farándula le cuesta asimilar que los tiempos cambiaron y lo que rindió en 2011, difícil que lo vuelva a hacer en 2023.
El problema no es el rasgo etáreo de quienes componen la farándula chilena, sino que sus genios y falta de aptitudes la que logra que sea tan cuestionada. Si la situación fuese distinta y hubiesen aptitudes como en Argentina, Brasil o México, tal vez sería mucho más pasable, incluso en este portal. Pero como no es así la cosa, habrá que resistir. Y criticar con datos en la mano.
Finalmente, será el público quien terminará juzgando si poner a tantos famosos en los programas termina siendo un estímulo para generar mayor sintonía en los programas o habrá demostraciones de sopor.
Esta creciente tendencia no solo refleja la pasión de la región por el juego, sino que también responde a una serie de factores que los convierten en la forma de entretenimiento más importante en la actualidad.
No quepa dudas que esta página tiene un bonito espejo retrovisor y que siempre se honra de manera expresa y evidente los contenidos del pasado, asumimos un componente nostálgico en este portal. Pero creo que es inconducente seguir con una tonalidad que haga caso omiso a las transformaciones que la sociedad ha vivido.
En fin, sigamos normalizando a este tipo de personajes. Ignoremos todo el daño que le ha hecho el narcotráfico, llevemos a júpiter al sentido común y busquemos el resurgimiento de la farándula, de una peor forma que en ese tristemente célebre 2011.
La generalización “boomer” que usted hizo respecto al movimiento feminista, tan errático a mi parecer, es la que daña la salud mental y la autoestima de muchas personas.
El show de luces ya no favorece al gobierno de turno como en los años de Pinochet, sino que a figuras que se ríen de la desgracia ajena, de la tragedia, de la corrupción y la delincuencia para ganar mayor visualización. Sus réditos no son políticos (al menos hasta ahora) sino de simple provecho personal. Pero cada día más, los JC Rodríguez, los Neme y los Sepúlveda quedan en entredicho por los propios espectadores. Y eso es nuestro principal respaldo que refleja en que la gente no es tonta ni se deja resistir a la presión de figuras populistas y oportunistas. Y esa es la principal esperanza, que la gente, a través de su decisión vaya enterrando este vestigio tan pernicioso para nuestra televisión.
Tenemos claro que la televisión chilena fue construida bajo el impulso de las élites intelectuales y políticas del país, esto se ve reflejado en que estos grupos impidieron por décadas el surgimiento de una televisión privada que generaría una deterioro de los propósitos fundamentales de la industria como era educar, entretener e informar al país, generando mecanismos de integración social, la televisión era un elemento de construcción de identidad nacional, en desmedro de la televisión privada que buscaría generar réditos particulares hacia los controladores de los canales. Pero más allá de estas intenciones, la televisión buscaba formar a la población, este propósito no se reflejaba necesariamente a través de programas en específico sino en el estilo de hacer televisión.