Seamos concretos, como decía ese programa político de Megavisión durante la mitad de los noventas (y que fue un gustito más de Ricardo Claro con su canal): Nuestro espectáculo no solo le faltaba renovarse, sino que también necesitaba urgentemente figuras que le hagan un contrapeso a tanto odio, virulencia y nefastez que aparece en algunos circuitos.
No solo porque así lo demandaban quienes clamamos a gritos un cambio, en medio de tanto polemismo que surge, sino que también por una necesidad de tener ídolos populares. Esos ídolos que ya el fútbol no brinda, sino que quienes pueden darlo los que vemos todos los días en los medios de comunicación.
Para que ello pudiese pasar del sueño de los justos a una realidad tangible, debíamos escoger personas clave para que esos ideales del respeto, la humanidad, la belleza y el talento, figuras ausentes en los últimos años, estén vigentes y con mucho vigor dentro de nuestra industria multipantalla.
Y Geraldine Muñoz reapareció para guiar ese cambio.
Partamos por la base de que sus dotes artísticos los comenzó en “Rojo, el color del talento”, el recordado reboot que hizo Álvaro Escobar entre 2018 y 2019, y desde entonces se transformó en una figura muy querida por quienes vimos el programa todas las tardes.
Una figura llena de humanidad, pues como se ha recordado, el premio que ganó en la final que le tocó disputar se lo compartió con su madre para que pudiera estudiar. ¿Qué otras personas de la tele serían capaces de hacer eso?
Después del fin del programa y durante la pandemia, estuvo en lo suyo a través de las redes. Felizmente reapareció en varios espacios como “El Retador” de Mega, y “Aquí se baila” de Canal 13.
Pero fue en “Fiebre de baile” donde se consolidó. Primero como acompañante de Gabriel Urzúa, su actual pareja; y en la igual de exitosa temporada pasada junto a “Yiego” Pizarro. Además se ha comportado un siete con la prensa y los creadores de contenido enfocados en la industria del entretenimiento.
Y por ello, no es sorpresa que conociendo sus dotes para cantar, muchos la pedían para “Fiebre de canto”. Vox populi, vox dei. No solo se cumplió su sueño y el de su resurgida fanaticada, sino que también cumplió con creces las expectativas puestas en su joven figura: Primero con “Inevitable” de Shakira donde ganó su duelo, y luego con “Amor eterno” de Juan Gabriel.
Puede haber algo de estrategia porque Geraldine es bastante conocida por los jóvenes, y la interpretación de uno de los temas más pasionales del “divo de Juárez” responde a expropiar los corazones de la gente mayor, que se mantiene fiel a la tele tradicional.
Entonces la pregunta que cabe es: ¿Por qué la gente la quiere tanto? Y la respuesta la brinda ella misma todas las noches. Su alegría, su frescura, su talento, su belleza, su humanidad. Su bajo perfil, el mantenerse siempre al margen de todo escándalo ha sido clave para que emergiera como un rostro nuevo para cambiar lo que se entiende como espectáculo. No por nada fue nominada como Rostro Revelación en los más recientes Premios Cordillera.
Habemos muchos quienes la queremos desde la época del “color del talento”. Ahora muchos la amarán en la “fiebre” que enciende la temperatura y el rating del canal de Machasa. Y lo bueno de todo: Con las manos limpias. Como a nosotros nos gusta. Como sería ideal que fuese todas las veces.
