De verdad. ¿No hay un día en que haya paz en la maldita farándula? Mientras hay personas que buscan destacarse por el canto y el baile, y otros por el camino de la actuación, no cabe duda que diferentes personas insisten en hacer de sus miserias una forma de entretenimiento.
Lo que pasó con el despido de Antonella Ríos de “Que te lo digo”, más la reacción destemplada de un Sergio Rojas al que muchos piensan que se lo comió el personaje, una salida inhumana y un arribo de Claudia Schmitd demasiado agresivo, demuestra que “la mafia de la tele” que denunciaban tanto desde Zona Latina finalmente eran ellos mismos.
Insultos, agresiones, descalificativos que van y vienen. La uruguaya en su primer día de trabajo insultó sin ningún grado de empatía a la protagonista de “Los Debutantes”.
“A toda esa gente que se pregunta ‘¿por qué Claudia volvió a ese canal de esa forma?’, vayan y diríjanse a Sergio Rojas, porque él ha sido el causante y el gestor, desde hace mucho tiempo, de que yo vuelva a este canal. Como ven, él tiene mucho más poder del que se imaginan”, declaró. A confesión de partes…
“El que se fue a Sevilla, perdió su silla”, “Soporten” fueron otras de las denigrantes palabras que Schmitd dirigió a Ríos, reafirmando el tenor violento de la farándula chilena.
Antonella Ríos no está sola

Con todos los antecedentes sobre la mesa, no queda más que estar con Antonella. No solo porque fue un pilar fundamental en el destape de la televisión y los medios en el país, sino por su humanidad. Ha tenido que aguantar tantas en un ambiente tan tóxico como la farándula, en el que la agresividad es pan de cada día.
A la actriz, hermosa en lo físico y en lo humano, le tocó ser víctima de la mafia con la que opera la prensa rosa, cuyo único aporte en su retorno a la tele ha sido al desprestigio y a la baja evaluación que tiene en la ciudadanía.
Hemos visto insultos, ataques, falsedades, mentiras, campañas de acoso, denigraciones, todos los antivalores que justamente hace una década y fracción dejaron a la tele en un default financiero, programático y de credibilidad.
Antonella pagó el precio de ser empática, humana, angelical y siempre dispuesta a ver todo con un sentido de tranquilidad, algo que no es la tónica en “Que te lo digo”, lamentablemente. Valores que escasean en la tele y que necesitamos poner de vuelta en el tapete.
No es malo tener aún el sentido de ser la más dialogante y la más tranquila donde lo que menos hay es tranquilidad o ecuanimidad. Por más que algunos medios insistan en celebrar algo con eufemismos, lo que termina reflejando es la falta de humanidad de la que Sergio Rojas incluso se ha vanagloriado. Lo que da pie a “lo siguiente”…
Basta de “la farándula es sin llorar”
El eufemismo de sus defensores sale nuevamente a colación para justificar su violencia fascista, machista y denigrante. Como el niño que hace bullying y que termina culpando a la víctima por reaccionar en la sala de clase, sin asumir las responsabilidades de sus actos.
Convengamos en que ningún programa farandulero es tenor de ningún famoso. Es más, para criticar tienen la misma credibilidad y coherencia de la Iglesia Católica o que el actual Gobierno. Ni siquiera da para defenderse ante los constantes cuestionamientos de quienes vemos la industria de otra forma.
Al decir que la farándula es “sin llorar”, se está justificando una flagrante violación a la dignidad de las personas, que es también un derecho humano irrenunciable.
Y también, se está justificando la tortura psicológica y mental que Sergio Rojas, Daniela Aránguiz y tantos otros han estado aplicando en los programas de los que son dueños, y que desde este humilde sitio no nos cansaremos de criticar.
¿Te vas a poner del lado del victimario o de la víctima? ¿Tienes el valor o te vale?
