La polémica de esta semana nuevamente corrió por cortesía del polémico podcast “Sin Ofender”, conducido por Daniela Ginestar e Isidora Gaete (¿otra vez tú?), en donde denigraron a la gente que en su mayoría de edad, aún coleccionaba cartas Pokémon y era fanática de la franquicia.
“¿Te acordai cuando se pusieron de moda los ‘pokemones’ (sic)? Tipos de 40 años cazando ‘pokemones’ en el almuerzo de la oficina, perdóname, me parece una pelotudez”, comentó la también panelista de “Alfombra Roja”, que ya había causado rechazo por ningunear a María José Quintanilla.
Lógicamente, estas palabras causaron rechazo no solo entre los fanáticos de las aventuras de Ash Ketchum y compañía, sino que en toda la comunidad “friki” que gusta no solo del animé en general, sino que también del coleccionismo.
Gaete, adherente del régimen de Kast y cercanísima al círculo de Sergio Rojas, sigue causando anticuerpos y con justas razones. Pero no solo eso, sino que también cae en un absoluto desconocimiento respecto a lo que significa honrar aquello que los hizo felices.
Y es que muchas personas que conocemos también tienen colecciones, muchas de ellas curiosas pero no por eso menos interesantes. La veta del archivismo nos ha permitido conocer a aquellos que juntan vinilos de música de distintas épocas, casettes y CDs de artistas de su gusto (y más si esos aún no están presentes en Spotify), y en mi caso, además de lo ya citado, revistas sobre televisión, espectáculo y mi amado mundo pop.
Y todo tiene una explicación: Cuando pequeños queríamos tener discos de nuestros artistas favoritos y juntar revistas. En el caso de las personas a las que Gaete denigró, del mundo del animé y de Pokémon. En el mío, de la cultura pop que tanto defendemos en todas nuestras plataformas. Pero no se podía muchas veces porque nuestros padres tenían limitancias económicas o pensaban, desde su lógica de tutores, que eso podía desconcentrarnos de nuestras labores escolares.
Pero también se cae mucho en el insultar por los gustos. Yo fuí víctima muchas veces de aquello, pues en un grupo de Telegram fui brutalmente denigrado por una manada de libertarios de Argentina, Uruguay y Chile, solo por mi gusto por el pop femenino. ¿Al final en qué les afecta? ¿Acaso ser fan de Katy Perry, Britney Spears, Madonna o Princesa Alba es peor que ser pedófilo? Según la lógica que manejan los motosierra-lovers, no puede ser más alejado de la realidad.
Y aunque ellos no lo quieran ver porque su sesgo se los impide, eso afecta en la salud mental de las personas, y obliga muchas veces a dejar de hacer eso que aman solo porque quieras compatibilizar en un mundo que pareciera retroceder a tiempos oscuros de nuestra historia.
Para mí no hay ningún daño. Sea Pokémon o uno o más artistas o figuras televisivas que marcaron nuestras vidas, el coleccionismo no es nada malo, ni mucho menos ser fan de algo que fue parte de nuestra formación pop. Es más grave ser fanático de un régimen que ha causado la mayor crisis de nuestra historia, con un millón de desempleados y que ha liberado a criminales de lesa humanidad y a depredadores sexuales que hoy están libres en las calles. Ellos hacen daño. Amar las figuras de Pikachu o los posters, revistas y CDs de Beyoncé, no.
Que nadie nos impida ser felices. Menos en los tiempos horrendos que vivimos como país. Tenemos derecho a serlo.
