La recordada figura de producciones juveniles como BKN y Karkú, Coni Piccoli, fue la invitada estelar del programa Dale Color, espacio conducido por Eugenia Lemos que se transmite cada viernes a través de Mega 2.
Durante una íntima conversación enfocada en la moda y el autoconocimiento, la intérprete repasó su carrera televisiva desde los 11 años. En ese contexto, desclasificó el momento más complejo que vivió al dar el salto a elencos juveniles y adultos.
Las exigencias estéticas en los sets dramáticos
El gran punto de quiebre para Coni Piccoli llegó cerca de los 20 años. En aquella etapa, las dinámicas de trabajo cambiaron radicalmente y las presiones físicas recayeron de forma desmedida sobre las actrices.
“Cuando tú eres niña jamás alguien te va a decir ‘tienes que adelgazar para este papel’. Cuando ya me lo pidieron fue muy duro, porque el papel no lo necesitaba. Yo era una talla 36, no es que no fuera delgada”.
La artista recordó que este tipo de imposiciones nunca se anticipaban en los contratos ni obedecían a necesidades narrativas de los guiones, sino a cánones superficiales de la época.
El quiebre definitivo con la pantalla chica
La situación llegó a un límite insostenible tras una violenta advertencia laboral que marcó para siempre su relación con la industria dramática.
“Fue un director que no se me va a olvidar porque fue muy duro: me dijo ‘o adelgazas o te vas’. Cuando vi eso, me bloqueé y dije: ‘Ya no quiero actuar más, no quiero enfrentarme a esto'”.
La crudeza de esas palabras motivó su salida de la televisión para priorizar su salud mental:
“Hasta el día de hoy tengo una dismorfia corporal todo el tiempo, es muy heavy. Me terapié y traté mucho ese tema. Sentía que mi trabajo no tenía valor y me enojé mucho con la tele”.
Sanación, amor propio y su presente en “Fiebre de canto”
Años después de ese episodio, Piccoli vive una etapa de plena reconciliación con su imagen corporal y ha reencontrado su pasión artística desplegando su talento vocal sobre el escenario de Fiebre de canto.
“Hoy día amo mi cuerpo. Le agradezco a Dios que me dio estos brazos, estas piernas para moverme y esta voz. Si se ve la celulitis, se va a ver, porque todas tenemos celulitis”, reflexionó con optimismo sobre su libertad actual.