Fue en 2013 cuando la televisión chilena presenció uno de los episodios más crudos de maltrato verbal en la pantalla chica. Lo que hoy vemos con distancia, tras la polémica salida de Antonella Ríos del programa “Que te lo digo” y los recientes exabruptos de Sergio Rojas en Zona Latina, no es más que la evolución de un síntoma que ya se manifestaba con fuerza hace más de una década. En aquel entonces, el Consejo Nacional de Televisión (CNTV) debió intervenir con una sanción ejemplar contra UCV TV por el comportamiento de Rojas en el programa “En Portada”, dejando en evidencia un antecedente clave de misoginia que hoy invita a una reflexión profunda sobre los límites de la farándula.
Los hechos se remontan a la tarde del 21 de mayo de 2013. En un horario destinado a todo espectador, el panelista dirigió una ráfaga de insultos contra la modelo Daniela Christie. No fue solo el uso de palabras hirientes; fue la saña con la que se cuestionó su preparación y dicción, transformando un espacio de entretenimiento en una plataforma de humillación pública. El organismo regulador fue tajante al señalar que aquello no fue periodismo ni humor, sino un atentado directo contra la honra y la dignidad personal.
La crudeza del ataque: “¡Ordinaria, vulgar, indecente!”
La transcripción del acta deja constancia de la violencia verbal ejercida por Rojas durante el enfrentamiento con Christie. Ante los intentos de la modelo por explicar sus proyectos profesionales, el panelista respondió con gritos y descalificaciones personales:
“¡Ordinaria!, ¡vulgar!, ¡indecente!, ¡rota!, ¡anda a vestirte, anda a educarte, eso es lo que tienes que hacer! ¡Esta niñita con suerte sabe hablar!”.
El hostigamiento no se detuvo ahí. Rojas continuó cuestionando la realidad social de la joven, preguntándole con ironía si tenía televisión por cable o acceso a internet, para rematar con nuevos ataques: “yo lo conversé con mucha gente y lo encontraron grotesco, vulgar (…), ¡ordinaria, anda a estudiar!”. Incluso se burló de su pronunciación, exagerando sus palabras para ridiculizarla frente a las cámaras.
Un patrón que el tiempo no borró
Al mirar hacia atrás, resulta imposible no conectar ese pasado con el presente. Los recientes hostigamientos denunciados por diversas figuras públicas y el traumático despido de Antonella Ríos parecen confirmar que la multa de 200 UTM impuesta en 2013 no bastó para generar un cambio de conciencia. Aquella sanción ya advertía que el estilo de Rojas cruzaba una línea peligrosa: la de la deshumanización del otro, particularmente de las mujeres.
En ese momento, UCV TV intentó desligarse de la responsabilidad argumentando que los dichos del panelista se alejaban de su línea editorial y que, al ser un programa en vivo, era imposible controlar su conducta. Sin embargo, el Consejo recordó que las concesionarias son responsables de todo lo que permiten al aire. La reflexión que queda hoy es amarga: ¿cuánto ha cambiado realmente la industria si los mismos rostros siguen repitiendo los mismos patrones de maltrato?
