La presencia de Stefan Kramer en Viña venía antecedido por su criticada participación en el cierre de la pasada Teletón. Su imitación a Cristian Castro dejó un mal sabor de boca a las redes y a la crítica. Que “ya era”, que “no tiene la chispa de antes”. Otros lo responsabilizan al cambio de etapa, como cuando trabajaba con Luis Slimming.
Sin embargo, muchos han olvidado que para que una rutina sea efectiva, hay que leer al público que te toca. Sobre todo al de la primera noche de la Quinta Vergara, en su mayoría de avanzada edad.
Por ello hay que estar predispuestos a aceptar que no todos los públicos son iguales. No es lo mismo un bar de Bellavista que un escenario exigente como el de la Ciudad Jardín. Error que le costó caro a Jani Dueñas, Belén Mora y recientemente George Harris. Y también hay que estudiarlo, para no caer en el más mínimo error.
No es de extrañar, entonces, la distancia entre las redes sociales. Hecho subjetivo: Usuarios que en su vida han encontrado algo bueno, juzgando la rutina. Hecho objetivo: La gente del público del momento, riendose a carcajadas.
Más de dos millones de televidentes de peak de sintonía y los asistentes disfrutando de una rutina distinta, más íntima y reflexiva, donde reflexionó sobre su carrera y su tropezón en la cruzada solidaria. Que no es caida. Y que demuestra en sí la habilidad de los grandes comediantes.
¿Son las redes incapaces de reirse con algo o ver algo sin criticarlo? ¿Será que es cierto de que Chile es un país triste? Los índices de salud mental así lo indican. Lo cierto es que Kramer ya duerme con más gaviotas en su palmarés de reconocimientos. Y el ex Twitter, ahí, peleándose por si Boric fue más pifiado que Kast.
