Sin duda, el Pastor Rocha se ha consolidado como el nombre propio de la comedia moderna y juvenil en redes sociales. Sin embargo, a medida que se acerca una nueva edición del Festival de Viña del Mar, su figura ha saltado de la pantalla al banquillo de los “enjuiciamientos morales”. La sátira que este joven predicador realiza sobre las actitudes de ciertos sectores evangelizadores no ha caído bien en el ala más conservadora del mundo protestante.

El negocio de la indignación
Hugo Albornoz, pastor del “Ministerio Evangelístico Cruzada de Poder”, ha capitalizado sus “30 segundos de fama” para acusar al personaje de ser un “burlón del evangelio”. Según Albornoz —en declaraciones para Primer Plano—, Rocha transgrede lo sagrado al parodiar dones espirituales. A este coro se sumó Kevin Valenzuela (conocido por su participación en la franja de “Evangélicos por el Rechazo”), quien apela al mandamiento de “no tomar el nombre de Dios en vano”.
Aquí surge la pregunta de fondo: ¿Es una burla a Dios o es una caricatura del ego humano disfrazado de divinidad?
Resulta paradójico que el Pastor Albornoz rasgue vestiduras por la fe, olvidando que años atrás él mismo protagonizó un episodio de profanación contra una imagen de la Virgen de Guadalupe. Esta inconsistencia no solo contradice el mensaje de respeto al prójimo, sino que revela una doble vara ética: la ofensa es válida cuando es contra “el otro”, pero es persecución cuando toca el propio feudo.

Pastor Rocha: La sátira como espejo del poder
El humor ha sido, históricamente, la herramienta más eficaz para poner en evidencia las contradicciones del poder. Desde los bufones de la corte hasta programas como Videomatch con la parodia de Miguel Ángel Rodríguez al Pastor Giménez, o el fenómeno local de “Las Iluminadas”, la comedia cumple una función higiénica: desinfectar el egocentrismo de quienes abusan de la fe para el enriquecimiento personal.
Recordemos el análisis que hacía el programa argentino TVR sobre los límites del humor. Incluso en tragedias como el Holocausto, Roberto Benigni en La vida es bella demostró que la caricatura puede ser un mecanismo de supervivencia y de verdad. Si el humor pudo entrar en un campo de concentración para proteger la inocencia, ¿por qué no habría de entrar en una iglesia para denunciar la charlatanería?
El humor del Pastor Rocha no es un ataque a la Biblia, sino una crítica a la literalidad selectiva y a la excentricidad de quienes aseguran “hacer llover oro” o de aquellos que increpan politicos porque “pagarán caro haber avalado el Aborto”
El peso de la formación
Lo que los detractores parecen ignorar es que detrás del “Yera” hay una base académica contundente. Santiago Endara, el hombre tras el personaje, es un conocedor profundo de la materia: cuatro años de Teología, bachillerato, licenciaturas y diplomados lo respaldan.
Rocha no hace humor “porque sí”. Su comedia nace de la capacidad de escudriñar las escrituras. Es un humorista que conoce el manual de instrucciones del sistema que critica, lo que hace que su sátira sea mucho más punzante y necesaria.
Conclusión
Estamos en una democracia que garantiza la libertad de culto, pero también la libertad de expresión. Al Pastor Rocha hay que dejarlo trabajar; él sabe moverse en ese límite sin caer en la obscenidad, porque su objetivo no es la fe, sino el espectáculo que algunos montan alrededor de ella.
A los pastores que buscan desesperadamente los focos de la prensa para denunciar “ofensas”, solo queda recordarles las palabras del rockero Pappo Napolitano: “Consíganse un problema honesto”.
