Daniela Aránguiz ha vuelto a protagonizar un episodio que tensiona los márgenes del respeto y la responsabilidad mediática. Esta vez, la panelista de “Sígueme” escaló un conflicto con Cony Capelli —ganadora de “Gran Hermano”— al insinuar que la bailarina no estaría realmente rehabilitada de sus problemas de adicción, pese a haberlo declarado públicamente.

Durante la emisión del programa de TV+, la farandulera respondió a las críticas de Capelli con una declaración que no solo sorprendió por su dureza, sino que también generó incomodidad entre parte del público. “¿Las vivió o las sigue viviendo?”, lanzó la panelista, refiriéndose a las adicciones que la bailarina reconoció haber enfrentado en el pasado. La frase, cargada de suspicacia, fue acompañada por una anécdota que buscaba reforzar la insinuación: “Tengo amigos que fueron a un evento con ella… incluso mi novio estaba ese día en Pucón. Perdió hasta el avión”, agregó.

Lo más llamativo del episodio fue la ausencia de contradicción por parte del resto del panel. Ni Michael Roldán ni los demás integrantes de “Sígueme” cuestionaron el tono ni el contenido del ataque, lo que en la práctica terminó por validar una narrativa que pone en tela de juicio la recuperación de una persona que ha hablado abiertamente sobre sus problemas de salud mental y adicción.

Aránguiz, quien también participa en “Only Fama” (Mega), intentó justificar sus dichos asegurando que “jamás se burlaría de una persona enferma”, pero rápidamente relativizó esa postura al afirmar que, para ella, una enfermedad es algo que no se elige, como el cáncer o una insuficiencia renal. Esta distinción, además de ser médicamente cuestionable, refuerza un estigma que la sociedad ha intentado erradicar: que las adicciones son una elección y no una condición que requiere tratamiento y apoyo.

Daniela Aránguiz y los límites que constantemente cruza en la televisión

El episodio reabre una discusión urgente sobre los límites del espectáculo televisivo y el rol de los panelistas en la construcción de discursos que pueden afectar profundamente a personas en proceso de recuperación. ¿Dónde queda la ética cuando se trivializa el sufrimiento ajeno en horario prime?

La figura de Daniela Aránguiz, ya conocida por sus intervenciones polémicas, vuelve a estar en el centro del debate. Pero esta vez, el foco no está solo en ella, sino en el ecosistema televisivo que permite —y en ocasiones promueve— este tipo de ataques sin consecuencias.

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