Pareciera que nuestra farándula tiene un efecto retardante, pero recién esta semana acusaron recibo de las críticas que Amparo Noguera formuló hace ya varios días en entrevista con Radio Futuro, orientadas a la violencia que promueven a través de sus programas.
Concretamente, en diálogo con Andrea Moletto, expresó: “En el trabajo te dan una capacitación, afortunadamente, de la Ley Karin, pero llegas a tu casa, prendes la tele y ves un programa donde la gente habla mal de otros, hablan de su intimidad. Es violento”.
Algo que tiene todo el sentido del mundo, puesto que han habido hechos que han reforzado el tenor violento de los espacios más duros. Desde el bullying de “Hay que decirlo” hacia Emilia Dides, hasta el acoso laboral televisivo que ha hecho Daniela Aránguiz a María Paz Arancibia.
Pero como en la farándula siempre se ha actuado como mafia, la reacción fue la misma de un niño de siete años que recibe una mala nota y cree que todos los profesores están equivocados a pesar de que no estudió lo suficiente. Catalina Pulido la denigró con ataques personales, incluso burlándose de que supuestamente su esposo la habría engañado con Maite Orsini.
Primero, ¿cuál es la necesidad de atacar a la mensajera y no al mensaje? Y segundo, ¿por qué nuevamente meten a la diputada a un baile en el que no está involucrada? ¿Para satisfacer sus obsesiones matonescas?
“Todos los que trabajamos en la tele somos parte de la farándula”, agregó la exactriz ultraderechista. Puede ser. Y por eso mismo quienes se disputan los Premios Musa o los Pulsar, acaparan las escuchas de Spotify y llenan los Movistar Arena no son parte de la tele. Porque no les pertenece estar en un mundo donde solo hay violencia. La misma que Amparo Noguera criticó.
Pero no solo la intérprete fue víctima de un género con vocación de mafia. María Paz Arancibia, por el solo hecho de denunciar las anomalías del mismo “Sígueme”, recibió el ataque siniestro de Daniela Aránguiz.
La trató de “periodista fracasada y triste” y la denigró por su presencia en una plataforma para adultos. ¿Que esto no es parte de la crítica de Noguera? Lo paradójico es que en parte de su parlamento, ella se comparó a si misma como una sicaria. Es justamente lo que ejerce desde un panel donde le aplauden todo, sin ningún contrapeso. Porque si lo hay, la despiden.
La farándula quería defenderse, pero por su forma y no por el fondo terminaron concediéndole el punto a Amparo Noguera. La razón casi los alcanza, pero ellos son más veloces.
