Pippo Baudo, uno de los rostros más emblemáticos de la televisión italiana, falleció este 16 de agosto en Roma a los 89 años. Su partida marca el fin de una era en la historia del espectáculo europeo, donde su figura fue sinónimo de carisma, longevidad y conexión con el público.
Nacido en Militello en 1936, Baudo debutó en el mundo del entretenimiento en 1959 como pianista en “La conchiglia d’oro”. Aunque se graduó en Derecho, su vocación lo llevó rápidamente a Roma, donde inició una carrera que lo convertiría en leyenda. Su primer gran éxito llegó con “Settevoci”, un programa que se emitió por casualidad en 1966 y que lo catapultó al estrellato.
A lo largo de más de seis décadas, Baudo condujo 13 ediciones del Festival de Sanremo, además de programas icónicos como “Canzonissima”, “Domenica In” y “Fantastico”, alcanzando audiencias de más de 20 millones de espectadores. Su estilo nacional-popular, aunque criticado por algunos sectores, logró conectar profundamente con la audiencia italiana.
Además de presentador, fue un notable cazatalentos, descubriendo figuras como Beppe Grillo, Lorella Cuccarini, Andrea Bocelli, Giorgia y Laura Pausini. Su trayectoria también incluyó momentos difíciles, como su breve paso por Mediaset y controversias legales, pero siempre supo reinventarse y volver a la pantalla con fuerza.
Incluso en sus últimos años, Baudo se mantuvo activo, regresando a “Domenica In” a los 80 años y celebrando sus seis décadas de carrera con una gala en Rai. Su legado no solo reside en los programas que condujo, sino en la forma en que transformó la televisión italiana en un espacio de encuentro cultural y emocional.
La televisión pierde a uno de sus grandes arquitectos. Pippo Baudo no solo presentó espectáculos: los convirtió en parte de la memoria colectiva de Italia.
