Es paradójico que un género busque refrescar la pantalla haciendo lo mismo de hace catorce años, ahora sin el beneplácito de la audiencia y los anunciantes.
Revisando: Opinión
El gran problema fue fijado cuando en 2018 se estableció el eslógan de “festival latino más grande del mundo”, esto supone un inmenso desafío para la organización. La música latina, guste o no, comparte lugares de privilegio en los rankings mundiales, lo que supone que el certámen que mejor los representa tiene el deber de presentar a sus mejores exponentes año tras año.
¿Para qué hacer un balance de lo que ha sido el año en materia televisiva si todos sabemos que el saldo es negativo y lo que viene no es auspicioso tampoco?
Veremos si los canales prefieren acercarse al público reflejando a ese mismo público o reflejando conflictos de personas que están bien alejadas de los problemas cotidianos de nuestra gente.
A estas alturas no hay dudas que más que sumar, la farándula sólo ha ayudado a restar credibilidad a la tan dañada televisión chilena.
Queda claro que la televisión se ha enquistado en su exitoso pasado y la delegado el futuro a los generadores de contenidos virtuales, y que los pocos intentos de querer revertir la situación no les ha funcionado.
Muchos defensores de la farándula han aprobado este nuevo aire diciendo que es un oasis entre tanta violencia y operaciones políticas que ejercen noticieros y matinales, sin embargo las conductas de algunos “próceres del farandulismo” no tienen nada que envidiarle a los delincuentes y narcotraficantes que llenan las pautas de los matinales.
A cinco años del Estallido, al menos en lo que en medios respecta señalar, estamos en un ambiente de suma cero que además se suma a la larga crisis económica y de financiamiento bajo la cual se encuentran, sobre todo ante la incapacidad de levantar una agenda robusta que vuelva a cautivar al público perdido.
Lo que me pasa con las novelas turcas es que tanto el público, como también para los canales, este contenido finalmente es un acompañamiento. No se ha generado un valor agregado en torno a la promoción de la rica cultura turca, ni el público televidente se ha motivado a realizar esa interesante conexión cultural.
Cada vez que Katy Perry va a Brasil, la Globo nos recuerda indirectamente que el camino que estamos siguiendo ha sido siempre el equivocado.