Revisando: Editoriales

Hoy solo ver un minuto de Meganoticias es ganarse una depresión segura, muchos cuestionan la falta de noticias positivas dentro de la pauta de su informativo central. Apuestan al desánimo y a la “fatiga informativa”, a la cual redoblan la apuesta dándole al comentarista deportivo el noticiero diario del mediodía, aun con criticas desfavorables.

En un nuevo aniversario de nuestro portal, nos tomamos un tiempo en nuestra labor para dar nuestro parecer de una nueva vuelta al sol de nuestro sitio y reafirmar el compromiso que adoptamos en 2018: El sentido crítico que incluso es valorado por ejecutivos y rostros televisivos.

A la hora de criticar es bueno estar informados y hacerlo con conocimiento de causa. Laura Landaeta debería tomarlo en consideración a la hora de brindar estos reportajes, muy necesarios por cierto, pero que vienen endulzados con muchas inexactitudes, como es el caso de calificar el presente de la intérprete de “Falsas esperanzas”.

La televisión chilena debe tomarse más en serio el problema del actual parlamento, pues pareciera que el periodismo no está haciendo la pega y, por el contrario, se dedican a invitar a dichos “trolls” a los matinales. Es importante que, al igual que en Perú, se eleve el nivel de nuestra cada vez más decepcionante política y se contribuya a que podamos tener, cuanto antes, un Congreso responsable, bien valorado y con gente correcta sin distinción del color político.

Esta no es la televisión que queremos tener. Ni a Yamila Reyna ni a nosotros como portal nos gustaría la psicopatía con la que la farándula actúa a diario. Porque pueden perdonar la vulgaridad, la toxicidad, los nexos oscuros, las polémicas (por muy sinsentidos que puedan ser) y las palabras ofensivas. Pero si hay algo que no perdonan es el éxito, sobre todo si se trata de alguien que no busca dañar a nadie.

No se confunda, diría Chanel Terrero. La televisión lineal seguirá siendo importante, pero el problema es que lo será solo para quienes todavía piensan que sus códigos rigen en tiempos donde ya no tiene el poderío que tenía antes; y a quienes añoran la época de bonanza de los 80s y 90s y anhelan que esos tiempos van a volver. Al final, la televisión cambió. De eso no cabe duda. Y la forma de analizarla, también.

No es normal consensuar un live con una periodista farandulera para ventilar falsedades sin nadie que pueda rebatirte, ni mucho menos con el único fin de querer dañar. Lamentablemente ella es capaz de todo pues tiene amigos dentro del medio y bastante prensa a su favor, por lo que si el día de mañana agarra un arma punzante para atacar a alguna de sus enemigas imaginarias lo hará y ellos le van a aplaudir.