En una reciente conversación en el programa “Mujeres que suenan” con Martina Orrego, Trinidad Riveros, conocida artísticamente como Princesa Alba, abordó el impacto emocional de su carrera y su distanciamiento con los procesos tradicionales de la industria musical. Tras un periodo de alta exposición, la cantante chilena analizó cómo la búsqueda de la perfección estética la alejó de su propia esencia.
El conflicto con la imagen industrial
Durante la entrevista, la intérprete de “Convéncete” explicó que el ingreso a grandes sellos discográficos modificó su relación con el arte. “Sentí que perdí mi esencia porque me metí en la industria y siento que me convertí un poco como en industry plant“, declaró. Según sus palabras, el enfoque en una estética “hiper cuidada” y “sintética” terminó por deshumanizar su propuesta frente al público.
En esta misma línea, Riveros cuestionó las tácticas de comunicación impuestas a los artistas. “El media training es de las peores cosas que le puede pasar a un artista porque crea figuras sin alma”, afirmó, argumentando que este tipo de preparaciones estandarizan los discursos y restan honestidad a las interacciones con la audiencia.
Salud mental y la tiranía del éxito
La artista también reveló haber enfrentado cuadros depresivos en paralelo a sus hitos profesionales, como su presentación antes del show de Dua Lipa. “Durante un tiempo toqué fondo pero nadie cachó”, relató, vinculando este estado al duelo por sus abuelos y a la desconexión con su proyecto.
Respecto a las plataformas digitales, manifestó una postura crítica frente a la priorización de los datos estadísticos sobre la calidad creativa. “La industria te exige números, pero en verdad yo me quedo muy tranquila con que lo que me gusta hacer es la música”, señaló. Actualmente, Riveros divide su tiempo entre su carrera solista y proyectos como la banda indie Niebla Niebla, donde asegura encontrar un espacio de libertad artística lejos de la presión comercial.
