Lo que pasó en Brasil el domingo pasado va a quedar impreso en los libros de historia. Había un escenario adverso. Flavio Bolsonaro había derrotado a Lula y se había impuesto en el primer periodo. Y cuando parecía que el pesimismo iba a tomarse el pensamiento, apareció un movimiento dispuesto a hacer posible la “virada”: Los “Fandoms por Lula”.

Desde el día uno posterior a los comicios, los fans club de diferentes artistas dejaron de lado sus diferencias (las que, a su vez, son las de los mismos ídolos) y se unieron en una sola voz para lograr lo que parecía una odisea. Claro, a diferencia de nuestro país donde los malos índices de salud mental repercuten en una izquierda que se niega a combatir el fraude que nos hizo Cerimedo, los brasileros fueron a plantar cara de frentón.

En cada mitín donde Lula hizo sus discursos, ellos estuvieron presentes. Los fanáticos de Katy Perry, Lady Gaga, Beyoncé, Ariana Grande, Pabllo Vittar, Rihanna, Britney Spears, Christina Aguilera, por mencionar algunos, pasaron de las palabras en redes sociales a la acción. Fueron un pilar fundamental del “exercito de Lula”, a diferencia de acá en donde prefieren tirar la toalla y dejar que el kastismo libere pedófilos y depravados sexuales en vez de combatirlos.

No es nada fácil tomar partido porque siempre habrá alguien que no esté de acuerdo. Por ello, explicaron lo obvio: Que no está mal ser de derecha, pero lo que sí es horrible y es inaceptable por donde se le mire es avalar que las minorías, las mujeres y quienes viven en las favelas no tengan derechos y sean reducidos a parias. Porque la verdadera derecha brasilera, la intelectual, la que pensaba en la democracia y no contra ella, está encarnada en ilustres como Fernando Henrique Cardoso. No en el hijo de un golpista que quería indultar al padre.

Los fandoms pop se tomaron el status de ser la voz de quienes querían impedir a toda costa que volviera el fantasma de los peores días del Brasil moderno.

Y lo lograron. Lula logró ser reelecto en un cuarto periodo. Todo gracias al desatino de Flavio de burlarse de él por haber perdido un dedo. Pero también, toda, de los fanáticos del pop.

Qué duda cabe. Acá, como un divorciado de la democracia que dejó de creer en ella porque premia a ineptos en vez de a gente competente, miro con envidia pero también con la más profunda admiración como la juventud no se anduvo con tibiezas y venció algoritmos, la censura de Meta, la falta de reglas de las big-techs, y logró lo que parecía algo utópico: Una remontada histórica.

Si los fandoms chilenos estuviesen tan aliados por un objetivo común como en Brasil, no solo tendríamos a Jeannette Jara como presidenta (que tenía todos los merecimientos y sobre todo la humanidad para serlo), sino que nos habríamos ahorrado una vocera con frases redundantes, el carnaval de negligencias en las inundaciones en la Cuarta Región y en el Sector Oriente de Santiago, o los bencinazos del ministro Quiroz.

Pero puede más el desánimo, que es la sensación de miles de chilenos según diversas encuestas que hemos difundido en Instagram. Dejan a la derecha fascista ser, dejan al gobierno ilegítimo de Kast hacer y deshacer sin ningún contrapeso. Incluso no hacen ninguna resistencia a que se liberen a pedófilos y a abusadores de menores. Si hubiese pasado en Brasil, ya tendrían tomada la Avenida Paulista de punta a rabo. Lo mismo en la Playa de Copacabana.

Prefieren legitimar un gobierno que no lo es, que llegó con trampas, con dinero negro, con la ayuda de Cerimedo que hoy está preso en Bolivia, con granjas de bots financiados con platas mal habidas, y se quedan acomodaticios en una frase: “Disfruten lo votado”. ¿Y yo que no lo voté, tengo que mamarme esto por los próximos tres años?

Insisto: Tienen un relato que les dió el caso Cerimedo, y siguen en sus casas lamentándose en una red tóxica como X, en vez de levantarse e ir a luchar contra esta dictadura.

¿Dónde está la juventud chilena repletando la Alameda contra la liberación de pedófilos que deberían estar en la cárcel cumpliendo condena? ¿Dónde están exigiendo la cabeza de Kast, de Rabat, de Quiroz, de la directiva del Servel y la banda de Ali Babá que se tomó ilegítimamente La Moneda? Reitero: Pasaba esto en Brasil y ya rodeaban el Palacio de Planalto.

Me carga el desánimo de la izquierda que se olvidó de luchar. Hay una persona que es Jeannette Jara que debería estar con su banda presidencial, y no un tipo que hizo la peor de las aberraciones. A ella hay que poner como sea en La Moneda. Sigamos el ejemplo que dieron los brasileros. Solo así podremos volver a confiar en la democracia que nos arrebató el fascismo.

Compartir.

Desarrollador de software de profesión. Televidente de ayer y de hoy. Amante del pop femenino. Fundador de TVenserio.com

Exit mobile version