La televisión abierta chilena volvió a demostrar su incapacidad para cultivar proyectos a largo plazo. La noche de este domingo, Canal 13 emitió el último episodio de El Desestrece, el espacio humorístico conducido por Martín Cárcamo y desarrollado por la productora detrás del exitoso podcast El Sentido del Humor (Luis Slimming, Marcelo Valverde y Héctor Romero). Con apenas ocho capítulos al aire, la señal del grupo Luksic decidió cortar por lo sano debido a resultados de sintonía que no colmaron las expectativas de los ejecutivos, quienes relegaron el espacio al tercer y cuarto lugar de la tabla.
El portazo a la calidad y el fenómeno digital
La decisión de la estación privada no tardó en encender los cuestionamientos tanto dentro del equipo como en las plataformas virtuales. Cynthia Gallardo, comediante a cargo del espacio de reacción (react) de las transmisiones online, alzó con fuerza la voz para defender la calidad del contenido y criticar la nula visión de la señal de Inés Matte Urrejola.
Gallardo catalogó la propuesta como “lo mejor que se ha hecho en humor en la televisión chilena en los últimos 20 años”. La humorista enfatizó la solidez de los libretos frente a la hostilidad de la pantalla chica tradicional: “Los guiones de El Desestrece, sus sketches y su contenido son buenos… Objetivamente este programa es lo mejor que se ha hecho en humor en la televisión chilena”. Asimismo, vaticinó que el material del programa se convertirá en objeto de culto digital en el futuro, cuando los usuarios se pregunten en internet por qué se abortó un producto tan bien evaluado por el público.
El nulo respaldo ejecutivo y la condena del horario
Lejos de proteger el producto y buscar estrategias de fidelización —como mover el espacio a una franja horaria más competitiva o capitalizar la enorme repercusión y el apoyo transversal que registraba en las redes sociales—, Canal 13 optó por la cancelación directa. La rigidez de la programación sepultó un proyecto que requería tiempo para consolidar su nicho en la televisión abierta.
Los propios integrantes del elenco dejaron caer su disconformidad de manera directa durante la emisión de clausura. En el segmento El Desinforme, Héctor Romero y Claudio Moreno lanzaron ácidas ironías sobre el manejo de la estación. “Fue un olor a gladiolo que empezó a bajar de repente”, comentaron en alusión al término prematuro, para luego rematar con un claro dardo hacia los programadores: “Tranquilos, porque más temprano que tarde, volveremos a desinformarlos. Ojalá fuese bien temprano, no a las 11 de la noche”. Por su parte, Luis Slimming ironizó con la contingencia política y los despidos de las ministras gubernamentales para ligarlo al fin de su propio ciclo: “Si tú no logras resultados, los jefes se enojan. Hubo tantos recortes, que llegaron hasta acá”.
Un relevo igual de cuestionado
Para empeorar el panorama de la estación de televisión, el reemplazo elegido para llenar este vacío programático ha sido Vecinos al límite. La jugada no solo ha fracasado en términos de sintonía al repetir la esquiva recepción de la audiencia, sino que también ha despertado duras críticas en la prensa especializada debido a sus precarias condiciones de emisión. El espacio de telerrealidad se transmite con un evidente desfase de cerca de un mes respecto de sus grabaciones originales, restándole total frescura e inmediatez a la pantalla, y desnudando la profunda crisis de estrategia programática que atraviesa Canal 13.
