La antesala del Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar se vio envuelta en una intensa polémica tras los comentarios realizados en el matinal “Contigo en la mañana”. Durante el análisis de una gala previa, el diseñador Miguel Ángel Guzmán emitió juicios despectivos sobre la apariencia física de la showwoman Marlen Olivari, lo que generó una respuesta inmediata por parte del periodista y creador de contenido Matías Burboa.
Burboa, conocido por su labor combatiendo la desinformación y el análisis crítico de medios, utilizó sus plataformas para desglosar por qué este tipo de intervenciones en televisión abierta trascienden la crítica de moda y se convierten en un problema de salud pública.
La diferencia entre moda y “body shaming”
Según el análisis del periodista, los comentarios dirigidos a Olivari —que incluían frases sobre su talla y la adecuación de su vestimenta a su cuerpo— no constituyen una crítica técnica. “Si este comentario fuera realmente sobre moda, estaríamos hablando del corte, la confección, cómo cae la tela”, señaló Burboa, enfatizando que aludir a que alguien no tiene la “talla adecuada” para mostrar piel es, en realidad, una forma de control sobre qué cuerpos tienen permiso para ser expuestos.
Esta distinción es fundamental para entender la evolución de los estándares televisivos. Mientras que el análisis estético de una prenda es parte del espectáculo de una alfombra roja, el juicio sobre el busto o la anatomía de una persona se enmarca en lo que expertos denominan “body shaming” o humillación corporal.
Impacto en la audiencia y salud mental
El periodista respaldó su postura con datos de organismos internacionales. Citó un informe de la Asociación Americana de Psicología sobre la sexualización y cosificación mediática, el cual concluye que la exposición constante a estos mensajes aumenta significativamente la insatisfacción corporal, especialmente en mujeres y adolescentes.
En el contexto local, Burboa recordó que en Chile “más del 70% de las adolescentes declaran no sentirse conformes con su cuerpo”. Al normalizar estos juicios en programas de alta sintonía, la televisión abierta deja de emitir una opinión privada para establecer una “referencia cultural” que puede resultar dañina para la percepción propia de los televidentes.
El caso de Simón Pesutic: Requisitos físicos innecesarios
La controversia no se limitó a las figuras femeninas. El análisis también abordó las críticas hacia el actor Simón Pesutic, a quien se le cuestionó el uso de un traje sin mangas sugiriendo que “debería ir al gimnasio”. Burboa recalcó que esta lógica es idéntica a la aplicada con Olivari: la imposición de un requisito físico específico para vestir una prenda determinada.
Para el editor periodístico, que la televisión nacional siga replicando estas dinámicas es un retroceso en los avances culturales logrados en los últimos años. La crítica del periodista cierra con un llamado a la responsabilidad de los medios de comunicación en la construcción de imaginarios sociales más saludables y menos discriminatorios.
