Antes que nada, y porque las redes sociales y algunos conductores de matinales introdujeron el binarismo en las poblaciones digitales, impidiéndole razonar con mesura e inteligencia, quiero dejar en claro varias cosas. La fundamental: A mí me carga Nicolás Maduro. Ya me caía gordo en 2013, no tenía el mismo carisma de Hugo Chávez y su régimen se encargó de violar las leyes fundamentales de una democracia. Recordemos que Venezuela es un país que no tiene separación de poderes ni independencia entre sí.
Pero más me cayó mal posteriormente, porque le hizo un enorme daño a la izquierda latinoamericana y al progresismo. Y es por las comparaciones inconexas de nuestros adversarios.
Casi toda la derecha le inculcó a muchas gentes que si no votábamos por sus horrendos candidatos, iba a llegar la misma crisis que vive hoy el país llanero, obviando que cada país tiene una forma diferente de manejar su economía. E ignorando que hay muchos en la izquierda que critican su régimen y se distancian de su estilo personalista y dictatorial.
También pienso que la oposición venezolana es la más imbécil de Latinoamérica. Y eso que la competencia es fuerte en la región y que dentro de la MUD hay tanto partidos derechistas como social-demócratas. Y que el Partido Comunista de Venezuela es de oposición a Maduro, tal que el “bigotes” inventó una falsa variante para confundir al electorado.
Sin embargo, como habrán visto en la cobertura que le hemos dado en este portal, a mí me carga Donald Trump. Es la muestra visible de dos cánceres de los que padecen las democracias y que nadie ha podido extirpar: Que un imbécil llegue a puestos de poder sin tener las capacidades para aquello, y que transforme una opción política en una secta. Y aún hay incluso progres que lo defienden porque “así es la democracia”. Si acá en Chile llegara Sakarach al Palacio de la Moneda, ¿también usarían ese horrible argumento?
Debido a sus insultos contra los periodistas críticos, a quienes les dedicó incluso un sitio de acoso y derribo en el portal de la Casa Blanca, algo impropio de un país que dice ser “La democracia del mundo”, y su amenaza de quitarle la concesión a los canales que lo cuestionan, es que acá lo llamamos como debe llamarse: Un dictador. Porque un presidente que se aprecie como tal respeta las ideas vengan de donde vengan, atiende las necesidades de todos (incluyendo de quienes no votaron por él) y trata de construir puentes para que los países funciones.
Yo no lo veo en el empresario, que además tiene muchos nexos oscuros, partiendo por Jeffrey Epstein, cuyas implicancias se revelaron hace algunas semanas y apenas salieron a la luz pública, hizo lo que hizo en el caribe. Amenazando además a países como Colombia y México. ¿Esto lo puede hacer un presidente “elegido democráticamente”? ¿Y más si se trata del status de Trump de ser el primer criminal condenado en llegar a la Casa Blanca? Que él siendo p-word sea presidente es como si Jovino Novoa hubiese gobernado este país después del Caso Spiniak.
Por ello, la cobertura de la televisión chilena respecto a estos hechos se enfocó solo en ponerse del lado de la “doctrina Monroe”, usando la misma lógica de “60 Minutos”, el infausto noticiero de la dictadura de TVN. Uno de sus miembros, Arturo Castillo, lo mencionó en el programa de los 40 años del canal estatal en 2009: “Lo que sí ví es que se producían noticias y que nosotros sencillamente las ignorábamos”.
Por ejemplo, todos se pusieron del lado del represor de Trump. Neme con su binarismo lo justificó diciendo que todos los que estábamos en contra eramos defensores de Maduro, y que este último era uno de los tiranos más grandes del mundo. No está en discusión. ¿Pero acaso es de un profesional tildar a sus críticos con garabatos? ¡En 1992 se escandalizaron por menos con el famoso poema de Mauricio Redolés en “El Desjueves”!
Y acá nuevamente entra el matinal “Tu Día” de Canal 13, que pareciera estar hecho a traje y medida de la embajada norteamericana en Chile. José María del Pino ha sido un experto en seguir la doctrina de “60 Minutos” de omitir informaciones. No ha sido tema en su sección lo de Jeffrey Epstein y no se mostró por sus pantallas el perdón que le concedió al expresidente de Honduras preso por narcotráfico. Pero sí nos mantuvo al tanto de frivolidades cumas, propias de Trump, como un salón de baile y terminaciones doradas en la Casa Blanca. Y su línea de productos para su secta de los MAGA.
Lo que también quedó fuera de la narrativa que la televisión chilena siguió al pie de la letra fue que Trump dijo en una rueda de prensa que no les importaba el pueblo de Venezuela, sino que su petróleo. No lo inventamos nosotros los progres. ¡Salió de su maldita boca! ¡Y ningún canal fue capaz de mostrarlo!
Así como tampoco se difundió el papelón de una venezolana residente en Uruguay que dijo que las muertes y la apropiación del oro negro era “un precio que hay que pagar por la liberación”. Lo bueno es que la periodista de Teledoce se dió cuenta de que había dicho una pelotudez y la cortó. Una muestra de profesionalismo que no tienen ni tendrán los canales antes citados.
Pues también la Casa Blanca rectificó que Maduro estaba implicado en el Cartel de los Soles, un grupo de narcotraficantes venezolanos del cual no hay pruebas de su existencia. ¿Adivina cuántos medios hablaron de este tema? Exacto: ¡Cero!
Menos se exhibieron en sus pautas las protestas alrededor de Norteamérica contra una nueva guerra armada por Estados Unidos. Al contrario, defendieron la idea de la invasión incluso sacando la idea de que “no importa el derecho internacional”, como dijo Libardo Buitrago. Y un otrora mesurado Juan Manuel Astorga trató al gobierno de Boric de amateur, también respaldando la acción trumpista. Solo les faltó ponerse la gorrita de MAGA.
Cuánta falta hace un Julio Martínez, que era siempre la voz mesurada y profesional en los momentos difíciles. “¿Usted cree que alguien gana una guerra? La guerra la pierde la humanidad”, dijo en una de sus viralizadas alocuciones en “Teletrece”, cuando Canal 13 fue un férreo opositor a la invasión a Irak en 2003. También hace falta un “Kiko” García, que apostó editorialmente a ser fuerte crítico de lo que estaba haciendo George Bush.
Pero también hace falta que los medios sean equitativamente imparciales, y no se trata de que informen a gusto de uno, sino que difundan lo que acá comprobamos que se omitió. Se habló de las reacciones de Montaner, Carlos Baute, Mau & Ricky, Chyno Miranda y hasta rostros de segunda línea como Lele Pons y La Divaza, pero no se difundieron las críticas de Kamala Harris, quien en este momento debería estar sentada en la Oficina Oval dandole la impronta y el respeto a la investidura que el dictador Trump no le da. Tampoco la de Jimmy Kimmel, que le dedicó su Critics Choice Awards al autoritario por sus “ridiculeces”.
Entonces, ¿dónde están los conceptos de neutralidad que todos los medios deben tener? Por lo visto esta semana, este término abandonó la conversación en las pautas de los matinales y noticieros.
Como conclusión, hay cosas que quedaron bien claras: Si buscas información profesional, crítica y mesurada, no lo verás en una televisión chilena que obedece más a órdenes que a hechos. Y que ser de izquierda y defender a Maduro es una contradicción hasta biológica, tanto como serlo y defender a los parlamentarios fachos que llegan al Congreso sin tener ningún mérito ni capacidades intelectuales para un cargo tan complejo, porque “fueron elegidos democráticamente”. Bueno, tanto al llanero, a Trump y a los parlamentarios los une una cosa: La más completa idiotez. Y cuando no son escogidas las personas inteligentes y con los debidos merecimientos, no es democracia.
