La presencia de Kim Kardashian en la cordillera chilena no pasó desapercibida. La empresaria e influencer eligió la Laguna del Inca, en Portillo, como escenario para presentar su nueva colección en colaboración con The North Face, un gesto que rápidamente encendió el orgullo nacional entre los usuarios chilenos.
La campaña muestra prendas técnicas para nieve, accesorios y la primera línea infantil de Skims junto a The North Face. Las fotografías, difundidas en las cuentas oficiales de Kardashian y su marca, exhiben a modelos posando frente al icónico paisaje cordillerano, lo que permitió a los chilenos reconocer el lugar en segundos.
Las redes sociales reaccionaron de inmediato. Comentarios como “MI PAÍS KIM”, “Viva Chile” y el ya clásico “Somos el mejor país de Chile” inundaron las publicaciones, transformando la campaña en un fenómeno viral que mezcló humor, identidad y orgullo territorial. La elección del paisaje no solo generó conversación, sino que también posicionó a Portillo ante una audiencia global.
Chile en la mira del mundo: Kim Kardashian, tan bella como nuestra cordillera
Aunque Kardashian no explicó públicamente por qué eligió Chile, la conexión histórica entre The North Face y el país ofrece una pista. Su fundador, Douglas Tompkins, dedicó gran parte de su vida a la conservación ambiental en Chile y Argentina, donando extensas áreas para la creación de parques nacionales como Pumalín. Ese legado ambiental refuerza la asociación entre la marca y los paisajes naturales del sur del mundo.
La colección será lanzada oficialmente el 9 de diciembre y estará disponible solo en Estados Unidos y Canadá, sin confirmación de llegada al mercado chileno. Sin embargo, más allá de su disponibilidad, el impacto principal quedó en la emocionalidad del público local, que vio cómo uno de los paisajes más reconocidos del país brilló ante millones de seguidores internacionales.
La campaña, sin proponérselo, terminó convirtiéndose en una colaboración simbólica entre la cultura pop global y la geografía chilena. Portillo, con su imponente Laguna del Inca, se instaló en el centro de la conversación digital, demostrando cómo un gesto visual puede activar narrativas de identidad y pertenencia en cuestión de minutos.
