La Casa Blanca ha lanzado una polémica sección en su sitio web titulada “El Medio Infractor de la Semana”, acompañada de un “Salón de la Vergüenza” donde se exhiben nombres de periodistas y medios acusados de difundir “noticias falsas y engañosas”. Esta iniciativa, encabezada por Donald Trump, representa un nuevo capítulo en su confrontación con la prensa crítica, marcada por insultos, demandas y descalificaciones públicas.

El portal, presentado con el lema “Engañoso. Sesgado. Expuesto”, cataloga artículos y coberturas que, según la administración, tergiversan declaraciones presidenciales o incurren en “mala praxis”. Entre los señalados figuran medios de prestigio como The Washington Post, CNN, The New York Times y CBS News. La estrategia busca desacreditar a quienes cuestionan la gestión de Trump, reforzando su narrativa de que la prensa es “enemiga del pueblo”.

Los ataques no se limitan al plano institucional. Trump ha insultado personalmente a periodistas, en especial mujeres, con calificativos como “cerdita”, “fea por dentro y por fuera” o “estúpida”. Estas agresiones verbales, sumadas a demandas multimillonarias contra medios, configuran un clima de hostigamiento que amenaza la libertad de expresión y el derecho ciudadano a recibir información veraz.

La creación de un registro oficial para señalar a periodistas críticos es un gesto de prepotencia y violencia política. En lugar de fomentar el debate democrático, la administración opta por la estigmatización y el escarnio público. Este tipo de prácticas debilitan las instituciones y generan un ambiente de intimidación hacia quienes cumplen con la función esencial de fiscalizar al poder.

Si Kamala Harris hubiese ganado las elecciones de 2024, el panorama sería distinto. Su propuesta de gobierno se centraba en el respeto a los derechos humanos, la transparencia y un trato más humano hacia la prensa. Una gestión menos violenta y más dialogante habría fortalecido la democracia en lugar de socavarla con ataques sistemáticos.

La iniciativa de Trump no solo refleja su intolerancia hacia la crítica, sino también su empeño en controlar el relato público. Frente a ello, resulta imprescindible defender la libertad de prensa como pilar democrático y rechazar cualquier intento de censura o estigmatización.

Compartir.
Exit mobile version