Donald Trump, el primer criminal condenado en asumir la presidencia de Estados Unidos, intensificó su confrontación con la prensa al atacar a Katie Rogers, corresponsal de la Casa Blanca del New York Times. En un post de Truth Social del 26 de noviembre de 2025, la describió como “fea, tanto por dentro como por fuera”. El detonante fue un artículo coescrito por Rogers y Dylan Freedman que analizaba signos de envejecimiento en su rutina presidencial.
El reportaje del NYT, basado en datos de agendas públicas, reveló una reducción en eventos y viajes domésticos comparado con 2017. Notaba “una agenda pública más corta” y “signos de desgaste en su batería” durante apariciones. Trump omitió al coautor masculino y tildó al medio de “enemigo del pueblo”, afirmando trabajar “más duro que nunca” con “exámenes perfectos”.
Este incidente forma parte de una serie de insultos en semanas recientes. El 19 de noviembre, Trump gritó “silencio, cerdita” a Catherine Lucey de Bloomberg durante una rueda de prensa sobre migración. Días antes, llamó “estúpida” y “periodista terrible” a Mary Bruce de ABC por preguntas sobre Jamal Khashoggi y Epstein. La Casa Blanca defendió estos episodios como “transparencia” sin sesgo de género, alegando baja confianza pública en medios.
El New York Times respondió con firmeza. Su portavoz, Charlie Stadtlander, elogió a Rogers como “experta y minuciosa” y reiteró que “insultos no alteran hechos de primera mano”. La Sociedad de Periodistas Profesionales condenó el patrón como “hostilidad hacia mujeres” que socava la prensa libre.
El bullying y el odio hacia las mujeres: Una peligrosa constante en Donald Trump
Trump mantiene un historial extenso de ataques sexistas a periodistas. En 2015, simuló la discapacidad de Serge Kovaleski del NYT; criticó a Megyn Kelly, Yamiche Alcindor y Rosie O’Donnell con términos despectivos. Actualmente demanda al NYT por difamación, caso visto como débil por expertos. Reacciones en redes sociales destacan sexismo, con miles de mensajes reprobando la selección de objetivos femeninos.
La secretaria de Prensa Karoline Leavitt contraatacó culpando a Biden y defendiendo la “absoluta energía” de Trump, quien se sometió a resonancia magnética en octubre sin detalles públicos. Críticos ven estos choques como tácticas para desviar atención de coberturas críticas sobre salud y políticas.
