“Una diva es sencilla como un simple mortal, una diva no pisa a nadie para brillar”, dice la ya mundialmente famosa canción de Melody (si, la del “Baile del gorila”) que ya es todo un éxito en España. Es la resignificación de los valores auténticos de una figura pública, esos que nunca se debieron perder.
En nuestra televisión hay muchas quienes se autodefinen como tal. Sin embargo, solo pocas han seguido las buenas prácticas, de esas que homenajea la talentosa artista andaluza, que representó a España este año en el Festival de Eurovisión.
Y es que hay divas que promueven los logros personales por sobre los supuestos, y quienes llaman a frenar los ataques de un sector de redes sociales que se cria en base a los cahuines de las redes sociales.
No obstante, hay otras que han hecho del odio, el bullying, el fascismo y hasta de la extorsión una forma de destacar en los medios. Y como en este medio somos defensores de las buenas formas y férreos críticos de las malas prácticas de nuestra farándula, acá reseñamos tres ejemplos.
Cony Capelli: la defensa de la dignidad personal

La bailarina y ganadora de Gran Hermano ha enfrentado rumores que la vinculan sentimentalmente con figuras del espectáculo como Raúl Peralta. Su respuesta ha sido tajante: “Ya basta de que cada vez que una mujer logra algo lo atribuyan a que está con alguien”.
De esta manera, la actual participante de “Fiebre de Baile” denuncia el machismo y la injusticia de que sus méritos se reduzcan a supuestas relaciones, reivindica que sus logros en el estelar son fruto de su esfuerzo, no de vínculos sentimentales.
Su postura representa a quienes se hacen respetar frente a los insultos y rumores, defendiendo la autonomía de sus trayectorias, como ha sucedido en programas como “Sígueme” y “Que te lo digo”, donde poco menos que ser talentoso es algo peor que ser un delincuente.
Coté López: un llamado a frenar los ataques entre mujeres

La empresaria e influencer reaccionó a comentarios que denigraban a Disley Ramos, nueva pareja de su exesposo Luis Jiménez. En lugar de aceptar elogios que implicaban menospreciar a otra mujer, López fue clara: “Encuentro muy feo que ataquen a otra mujer… no necesito que me confirmen lo que soy denigrando a otra mujer”.
De esta manera, la modelo pide a sus seguidores que no alimenten comparaciones ni críticas hacia otras mujeres. Defiende la idea de que no hay competencia entre ellas y que la dignidad no debe construirse a costa de denigrar a otra persona.
Su discurso se alinea con un feminismo cotidiano que busca erradicar la violencia simbólica entre congéneres.
Daniela Aránguiz: la normalización del insulto y el odio

En contraste, la farandulera ha protagonizado múltiples episodios de violencia verbal contra colegas como Cony Capelli y María Paz Arancibia. A la primera la hostigó en pantalla y hasta la desafió al aire a hacerse un test de drogas, burlándose de forma miserable de su lucha contra sus adicciones.
Ha cuestionado públicamente la rehabilitación de Capelli y la ha tildado de “drogadicta”, generando más de 200 denuncias ante el CNTV, una marca que solo puede lograr la ex “Mekano”, que ahora sabemos que era instada por parte del recientemente despedido director del polémico franjeado, Mauricio Caro. Con la complicidad de sus panelistas, aunque lo niegue Julia Vial.
Ha insultado y amenazado a colegas en programas como Sígueme, llegando a decir: “Soy la peor enemiga”. Solo en canales de televisión donde la falta de profesionalismo ha sido una constante se pueden permitir estas barbaridad.
Sus ataques han derivado en campañas como #FueraAranguizDeLaTV, reflejo del rechazo ciudadano a la violencia en pantalla.
Tres posturas, un mismo escenario
El contraste entre estas figuras revela cómo la televisión chilena y las redes sociales amplifican distintas formas de enfrentar el conflicto. Capelli exige respeto y denuncia el machismo. López llama a detener la violencia entre mujeres. Y como contraparte Aránguiz: perpetúa el insulto como espectáculo, generando rechazo social.
Este panorama abre un debate sobre los límites éticos del entretenimiento y la necesidad de construir espacios mediáticos más responsables, donde la crítica no se confunda con la agresión.
