La polémica entre Daniela Aránguiz y Mariela Sotomayor ha escalado a niveles preocupantes. Lo que comenzó como un cruce televisivo en el programa Only Fama se ha transformado en una campaña pública contra la violencia verbal y el hostigamiento en medios.

Durante los últimos días, Sotomayor ha expuesto una serie de mensajes que habría recibido de Aránguiz, incluso después de haberla bloqueado. Según la periodista, la ex Mekano continuó enviándole textos desde otros números, en los que la descalificaba profesionalmente y la atacaba con frases como: “Por eso no te dejaron a ti de panelista y a mí sí”.

Pero el conflicto no quedó ahí. Aránguiz, desde su tribuna en TV+, lanzó acusaciones graves, incluyendo supuestas deudas de Sotomayor y la posesión de videos íntimos que, aunque dijo no haber difundido “por códigos”, mencionó públicamente en tono pasivo-agresivo. Sotomayor respondió con firmeza, calificando estas amenazas como un delito y anunciando que tomará acciones legales si es necesario.

Rechazo transversal a la violencia: Faranduleros y críticos no soportan a Daniela Aránguiz

La actitud de Aránguiz ha sido ampliamente criticada en redes sociales. Usuarios de distintas plataformas han manifestado su rechazo a la violencia verbal y el acoso que ha ejercido contra Sotomayor. La campaña #FueraAranguizDeLaTV se ha viralizado, reflejando el hartazgo de los televidentes, incluso entre quienes disfrutan del contenido farandulero.

Este episodio pone en evidencia una problemática más profunda: la normalización de la agresión en espacios televisivos. Aránguiz no solo ha insultado a su colega, sino que ha perpetuado una lógica de competencia destructiva entre mujeres, dividiéndolas en categorías según su apariencia o popularidad. Sotomayor lo expresó con claridad: “Para ella existen mujeres de primera, segunda y tercera categoría”.

La televisión chilena enfrenta un momento clave. La audiencia está exigiendo cambios, y figuras como Aránguiz, que han cruzado límites éticos, están siendo cuestionadas. La campaña en redes no es solo una reacción puntual, sino un llamado a repensar qué tipo de contenido y conductas se validan en pantalla.

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