Ni dos semanas alcanzó a estar Junior Playboy en la pista de “Fiebre de baile” y, si nos apegamos estrictamente a la temática, tampoco es que haya hecho méritos. En sus primeros capítulos apenas bailó y se notaba su nulo desplante.
El pasado lunes fui testigo en vivo y en directo del tono desafiante con el que se plantó al jurado. En medio de su coreografía, se dió el lujo de subir a una de las dos mesas de los jurados, más específicamente donde están Edymar Acevedo, Raquel Argandoña y los Power Peralta.
El asunto es que al momento de la evaluación se notaba que el tipo no es el “flaite simpático” que las redes sociales, y los mismos que lo llevaron a la tele, nos han vendido por décadas: El tipo es prepotente, ordinario y poco atinado. ¿Qué es eso de diagnosticarle depresión endógena a Francisca García-Huidobro? ¿Cuál es la necesidad de eludir una mala evaluación con esa desatinada?
Pero la guinda de la torta ocurrió anoche, cuando en medio de una pausa comercial fue a encarar a la misma conductora y panelista farandulera en un tono violento. La decisión de Raquel Argandoña, como presidenta del jurado, fue expulsarlo por mala conducta.
Lo que se vió después apareció en todos los creadores de contenido presentes en Machasa: Un José Luis Concha que se volvió déspota, bravuconeando a la misma “Quintrala”; una retirada indignada del estudio y un hombre fuera de sí que, cual Hulk, destrozó todo a su paso y se desahogaba con los reporteros.
La suerte entre gitanos
Porque sí, tal vez Junior no intentó matar a su padre como el hijo de Raquel, pero no olvidemos que en “Tierra Brava” tuvo denuncias de poco higiene y de sobrepasarse con las prendas íntimas de las mujeres, discriminó a Miguelito por su tamaño recibiendo una sanción, y tal como lo hizo esta semana con García-Huidobro también se burló de la salud mental de Jean Philippe Cretton.
Con todos estos antecedentes, ¿está en autoridad para compararse con otros famosos, por mucho que estos tengan sus papeles manchados?
Lo que sucedió esta semana es al final la prevención de algo que pudo escalar a cosas mucho más graves, a sabiendas de la conducta que ha tenido Junior Playboy en todos estos años. La pista no pierde absolutamente nada de valor sin él, y al menos habrá oportunidad de fijarnos en personas que sí se toman en serio la vitrina que tienen ahí.
Porque este Junior sigue siendo un aprendiz. ¿Pero aprendiz de qué?
