En la edición de este miércoles de Sígueme (TV+), Catalina Pulido arremetió duramente contra Amparo Noguera, luego de que la destacada actriz manifestara en Radio Futuro que la farándula «debiera estar erradicada» de la televisión.

En el programa Palabras Sacan Palabras, Noguera —a quien recientemente vimos en Nuevo Amores de Mercado— criticó el regreso del género a la pantalla chica, señalando que resulta contradictorio que mientras en los trabajos se realizan capacitaciones sobre la Ley Karin contra la violencia y el acoso, en la televisión se normalicen programas que viven de hablar mal de otros y de exponer su intimidad.

La respuesta de Catalina Pulido: descalificaciones y alusiones personales a Amparo Noguera

Pero lejos de abrir un debate de fondo, Pulido optó por responder con descalificaciones personales. Incluso recurrió a la vida privada de Noguera, aludiendo a una antigua relación con el actor Marcelo Alonso y un supuesto vínculo de éste con la diputada Maite Orsini.

“No estamos haciendo Shakespeare ¡Es farándula! ¡Riámonos! Nosotros no tenemos la culpa de que su marido se haya metido con la persona más farandulera del Congreso”, lanzó la panelista ultraderechista, en una frase que encapsula el tipo de violencia verbal que la propia Noguera había denunciado semanas antes.

En lugar de rebatir los argumentos de fondo, Pulido ironizó que las actrices también «pelan» y que Noguera, según versiones, habría sido seguidora del extinto SQP. “Todos los que trabajamos en la tele somos parte de la farándula”, insistió, intentando desacreditar la postura de la actriz.

El debate sobre la violencia televisiva que la farándula normaliza

Pero, paradójicamente, el tono del ataque de Sígueme y de Pulido no hizo más que reforzar la tesis de Amparo Noguera: la farándula sigue funcionando como un espectáculo que se nutre del desprestigio ajeno y de la invasión a la intimidad, en un ecosistema televisivo que comercializa la violencia como si fuera entretenimiento.

En un contexto donde la televisión enfrenta el desafío de reinventarse y responder a estándares éticos más altos, escenas como estas no solo resultan incómodas, sino que confirman que la “nueva instalación” de la farándula es, en esencia, la misma de siempre: un formato que prefiere el ataque personal antes que el diálogo.

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