A fines del año pasado, una televisión chilena desorientada y con pérdidas en todo ámbito terminó volviendo a confiar en el género que la llevó a la quiebra hace justamente diez años atrás: La farándula. Y si bien el viejo rating jugaba a su favor, con el nuevo sistema el panorama cambió desfavorablemente contra este género, que tiene más sombras que luces.
En su minuto, se autoplantearon la idea de “salvar a la televisión chilena” usando como contrapeso la violencia que día a día ofrecen los matinales. Excusa que les valió para justificar lo que ellos hacen, que según es menos terrible que dichos espacios. Lo cierto es que “Only Fama” de Mega terminaría incluyendo como uno de sus conductores, precisamente, a quien todos los días habla con rabia y odio contra el mundo. La misma violencia de la que alguna vez dijeron que rechazaban.
Los hechos terminaron condenando a estos programas: Por un lado, Chilevisión ofrece 4 millones de pesos a Camila Nash, con el único propósito de defenderse tras un viralizado video en donde aseguraba que paralizaba los lugares donde frecuentaba. Incluyó, por cierto, una bravía defensa de Julio César Rodríguez diciendo que “si no fuese famosa, no estaría en Primer Plano”.
A la semana siguiente, el canal de Paramount redoblará la apuesta por reforzar el doble estándar que cimienta la televisión de esta década ofreciendo seis millones de pesos para alguien condenada y procesada por corrupción como Camila Polizzi, para participar en “Podemos Hablar”, que ya enfrentaba duras críticas por el bajo nivel de los invitados (ya habían llevado a la controvertida “Naya Fácil”).
¿No que nuestra televisión estaba en un rol fiscalizador de los poderes políticos? ¿O ese compromiso “irrestricto” por la probidad de quienes buscan dirigir a comunidades y hasta el país completo se acaba por la necesidad imperiosa de tener más cantidad de espectadores?
Estelares de farándula pagan sus despropósitos con la indiferencia del rating
Una de las excusas de ejecutivos y rostros televisivos para justificar el bajo nivel de la televisión que hacían era que “damos lo que la gente quiere ver”, sustentándose en las cifras del antiguo rating, así como también con el concepto de “doble estándar”, que el que critica también es el que sintoniza.
No obstante, las actuales cifras no dan para un respaldo al mundo farandulero: Ya van dos semanas hasta el cierre de esta nota en donde tanto “Only Fama” como “Primer Plano” sencillamente no han aparecido entre los diez programas más vistos de Kantar Ibope Media.
De hecho, ni por cantidad de auspicios se pueden defender: El estelar de conventilleo de Mega solo cuenta con una marca de sponsor, mientras que solo dos son los que tiene el de Chilevisión.
Con estos datos sobre la mesa, se advierte una extremada sobrevaloración hacia las figuras más polémicas de lo que va quedando de un universo farandulero cada vez más cuestionado. No hay talento, no hay humanidad, no hay genuinas capacidades artísticas ni humanas. Solo violencia y más violencia, de la cual la gente sencillamente se cansó.
Quizás, algo diferente está haciendo El 13 con “Hay que decirlo Prime”, que es mucho más humor y conversación que farándula propiamente tal, lo que va en sintonía con el desencanto de Pamela Díaz con el género y, a su vez, con el alivianamiento de contenidos tras la polémica con Emilia Dides.
Si hubiese un desagravio o un pedido público de disculpas hacia la Miss Chile, el momento es ahora, que conducirá uno de los programas donde se escogerá a su sucesora, precisamente en la estación de Luksic.
¿La pequeña pantalla en desventaja?: El streaming avanza más y mejor
Es cosa de contrastar los auspiciadores de los actuales programas de farándula con otro mundo mucho más diverso, que es el streaming, para demostrar la decadencia de estos espacios.
“Entre amigas y copas”, el espacio de conversación de Carla Jara en YouTube, tiene de avisadores a una marca de toallas femeninas y a un bar (que es el lugar donde se realiza), pero también a una viña. La plata de empresas vitivinícolas que antes morían por auspiciar un estelar de conversación, un noticiero nocturno y hasta cahuines de la TV lineal, hoy se va donde hay más masa y mucha más torta publicitaria.
Y es que si comparamos el nivel de invitados entre ambos mundos, no hay donde perderse: Por un lado, la misma “Fácil” y Polizzi en Chilevisión; mientras que en el terreno de la ex “Mekano” y también rostro de TVN se tuvo a una figura como Consuelo Schuster, que acaba de lanzar su nuevo single y que ha tenido en espacios de podcasts y radiales la vitrina que, lamentablemente, no le dan los canales comerciales.
Una invitada de peso contra los cuatro o cinco de la televisora de Machasa, que se repiten de tanto en tanto pero que ya no convocan a una masa importante. Una figura que hace de su música un arte, contra la autocomplacencia de gente encasillada en el mote de “chico/a reality” que es insólitamente defendida por el conductor, que hoy también es director de programación de un canal que si no fuera por los grandes eventos deportivos, hoy fácil estaría en el tercer puesto del acumulado mensual.
Otro cotizado programa es “Power Trío”, espacio netamente musical conducido por Sergio Lagos, Jean Philippe Cretton (que ha sido un férreo defensor de la presencia de artistas locales en nuestras pantallas) y Rayén Araya, que cuenta con el patrocinio de una cableoperadora digital, una empresa de telecomunicaciones, una marca de cerveza, una marca de café que auspició el gran estelar que supo tener nuestra TV en los ochentas y noventas, una empresa automotora de lujo y hasta de un licor exclusivo. Marcas que nica pondrían su imagen en el respaldo hipócrita a la corrupción de una televisora.
No es descabellado pensar entonces que en agosto, cuando Dua Lipa llegue a nuestro país, o en septiembre, cuando Katy Perry esté en una tierra que sí la quiere y la valora, serán entrevistadas por estas plataformas. Están las lucas, los auspicios “clase A”, los conductores plenamente capacitados, el mercado que apoya y la audiencia que lo respalda. Todo mientras la tele seguramente lleve a otra figura de la farándula con líos judiciales o altamente rechazada por las redes, sin la misma aprobación del “respetable público” de hace diez o quince años.
