En un nuevo episodio de agresiones verbales en el mundo del espectáculo, los faranduleros Michael Roldán y Daniela Aránguiz volvieron a arremeter contra la periodista Rayén Araya, negándose a ofrecer disculpas y, por el contrario, intensificando sus ataques con nuevos insultos.

El conflicto se originó luego de que Aránguiz, en el programa “Only Fama” de Mega, se refiriera a Araya con el calificativo de “estúpida”, una muestra de violencia verbal que lamentablemente no fue reprochada por la conductora del espacio, Francisca García Huidobro.

Lejos de retractarse, Aránguiz redobló la apuesta en “Sígueme” de TV+, declarando: “De personas estúpidas, comentarios estúpidos”, mientras que Roldán salió en su defensa, justificando su actitud y criticando a Araya por su supuesta “soberbia” al responder a los insultos. “Me sorprendió ayer la respuesta a Daniela, como diciendo ‘bueno, hay que entender que ella lo está pasando mal y puede decir esas cosas’… OK. Cero autocrítica”, agregó.

La violencia de la farándula

Este nuevo ataque no solo evidencia la falta de respeto y la normalización de la violencia en el discurso de ciertos personajes de la farándula, sino que también pone en relieve la responsabilidad de los programas que les dan tribuna, permitiendo que se perpetúen estas prácticas.

La pasividad de Francisca García Huidobro y Julia Vial, frente a la agresión verbal de Aránguiz en los respectivos programas que conducen, es una muestra de la permisividad que impera en estos espacios, donde el sensacionalismo y la polémica parecen primar por sobre el respeto y la dignidad de las personas.

Es importante recordar que las palabras tienen poder y que la violencia verbal puede tener consecuencias devastadoras para quienes la sufren. La actitud de Roldán y Aránguiz no solo es reprochable desde un punto de vista ético, sino que también contribuye a perpetuar una cultura de violencia que afecta a toda la sociedad.

Es hora de que la televisión chilena asuma su responsabilidad y promueva un discurso respetuoso y tolerante, dejando de lado la farándula tóxica que solo busca generar controversia a costa del daño a otros.

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