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Al fin de cuentas, todo fue a pedir de boca para Infantino y sus millonarias pretensiones. Consiguió implementar el fútbol espectáculo en toda su dimensión sin generar los resquemores del público más futbolizado, que recibió más partidos y en su mayoría, de una muy buena calidad de juego. Todo hace pensar que la cita mundialista de 2030 solo refuerce la mirada del fútbol como un gran evento que va más allá de lo propiamente deportivo, sino como una gran fuente de entretenimiento que genera millonarias utilidades para sus organizadores.