No hay dudas que la televisión chilena este año se ha puesto los pantalones largos. Al menos en el horario estelar se ha revivido una intensa competencia entre los cuatro principales canales, efecto que se replica también en los espacios vespertinos, tras la larga crisis que ha vivido la industria, con un liderazgo incuestionado de Mega en casi todas las franjas horarias y contenidos, hoy se ve que cada emisora hoy ofrece un caballito de batalla por la cual se disputa los primeros lugares de sintonía, revitalizando sobre todo las áreas de entretención de principales estaciones.
El segundo semestre esta competencia ha sido todavía más estimulante gracias a los cambios en la programación estelar de TVN y Canal 13 que han dado frutos para estas cadenas, que se habían visto rezagadas ante el avance de Mega y Chilevisión por las noches. Se ha llegado a que los cuatro principales canales han logrado sintonías similares en la misma franja horaria, promediando medio millón de espectadores por canal. A esto hay que sumar los diferentes “reacts” que ofrecen estos espacios a través de YouTube y la exhibición de estos espacios en plataformas OTT como es el caso de Masterchef Chile a través de HBO Max. A buenas y a primeras se observa que la televisión ha recuperado una parte de la audiencia perdida en estos años, lo cual se agradece bastante.
Pero queda la duda si todo este esfuerzo de los canales, que parece auténtico y que estaría dando resultados, sea en vano. ¿Hacia dónde va la cosa? En que más allá de estos intentos de cautivar a un público esquivo, los estudios de medios y otros sondeos siguen evaluando a la televisión negativamente por el contenido ofrecido. Y claro, todavía los matinales y noticieros son un verdadero espacio donde abunda la parafernalia y la alarma permanente, no podemos desmerecer los intentos de cambiar la situación en el horario estelar, y que incluso ya se observan algunas modificaciones en los espacios matinales con algo más de soltura en algunos contenidos.
¿O será que la televisión ya quedó enquistada para muchas personas como un medio de comunicación obsoleta y desde ahí su credibilidad decreciente? Para no poca gente, ya es posible vivir sin televisión, por lo que el poder convocatorio que este tuvo de antaño ha perdido su eficacia y por tanto, se valora menos su importancia pública. ¿Qué necesidad existe de confiar en un medio que ni siquiera visito frecuentemente, dirán algunos? Por tanto, la credibilidad o el prestigio de la televisión ya no quedaría en decisión solamente de las decisiones programáticas, sino del progreso tecnológico que ha generado más alternativas a los consumidores.
Y es en ese sentido que está bien que los programas de mayor éxito de la televisión chilena no solo vayan en televisión abierta sino que estén incorporadas en otras plataformas, dando también un tremendo gesto de humildad por parte de la televisión, asumiendo que ya no tienen el monopolio del tiempo para establecer una serie de hábitos dentro del entretenimiento. Esperemos que todas estas decisiones traigan frutos para que el esfuerzo no quede en vano y sobre todo, para que no regrese la desesperación por la que actuaron muchos canales a lo largo de esta década.
