Durante una sincera conversación en el programa “Dale Color”, conducido por Eugenia Lemos y emitido a través de Mega 2 y YouTube, Mariela Montero abordó pasajes inéditos de su trayectoria y vida personal. Con total soltura, la artista repasó desde sus inicios como migrante indocumentada en Miami hasta su presente televisivo.

Sin embargo, uno de los momentos más emotivos del episodio llegó al recordar su quiebre sentimental poco después de dar a luz a su hijo Lautaro. La trasandina admitió lo complejo que resultó rehacer su vida sin redes de apoyo familiares en el país.

“Me vi obligada a ser mamá soltera porque yo quería conservar la familia, pero no se pudo. Habían cosas que eran insostenibles (…). Cuando yo decido salir de esa relación me encuentro en mi departamento lleno de bolsas negras de basura porque no tenía ni cajas. Rodeada de esas bolsas con mi bebé ahí todavía gateando, decía: ‘¿Qué hago?'”.

La fe y el impulso para reinventarse

Frente a esa incertidumbre económica y emocional, la comediante reconoció que la perseverancia y la espiritualidad fueron claves para salir adelante. En medio de proyectos frustrados y estafas laborales, un encuentro fortuito en una plaza le devolvió la esperanza para seguir luchando por sus metas.

“Todo lo que hacía me salía mal (…). La fuerza mía no viene solo de mí, viene de Dios. Un día estaba en una plaza con mi hijo con un pensamiento súper oscuro (…) y viene una chica, me toca la espalda y me dice: ‘¿Puedo orar por vos? A mí Dios me pidió que orara por vos’. A través de la oración me empieza a hablar cosas de mi vida que ella no tenía cómo saber y me quebré”.

Tras ese hito, la actriz canalizó su regreso a los escenarios y a la pantalla abierta en el estelar “Fiebre de Canto”, proyecto que decretó con fuerza antes de recibir la llamada de la producción.

El recordado look de celofán y su desmayo en Viña 2011

Fiel a su estilo desenfadado, Montero también desclasificó el recordado vestido de plástico y celofán que lució en la Gala del Festival de Viña del Mar en 2011. Además de las duras críticas de la prensa de la época, reveló el verdadero motivo detrás de su comentada descompensación durante la cena.

“Me desmayé arriba de un plato. El peinado me lo hizo Hugo Guerra y me tiró tanto del pelo que parece que no me irrigaba la sangre. Aparte no había comido mucho porque me quería ver flaca (…). Cuando bajé al subsuelo a enfermería, el médico me dice: ‘Sáquenle ese peinado’. Me empezaron a sacar los pinches y fue como respirar; de ahí me fui a bailar a una fiesta”.

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