Queda una semana para que termine el mundial de fútbol y todos los fantasmas que habían amenazado el éxito del campeonato parece haber sido eliminados. Ha sido un mundial entretenido de ver, con estadios repletos y una creciente atención del público. No podemos desmerecer el papel que han jugado las redes sociales en potenciar a algunas selecciones y algunos futbolistas en particular, lo que dimensiona a esta copa del mundo como la que hasta el momento mejor refleja la potencialidad de las redes. Al final de cuentas, el mundial ha sido un gol de media cancha.
Es cierto que no pocos hicimos reparos en las semanas previas al pitazo inicial del mundial en torno al éxito de este torneo. Las presiones de Trump sobre la FIFA en una serie de indicaciones preveían que el mundial iba a ser una cortina de humo en torno a las pretensiones del líder estadounidense, así como un reflejo del fútbol negocio, donde dominan los intereses corporativos de unos pocos por sobre la esencia del deporte rey. Y si bien es cierto que las pausas de hidratación han sido un atentado a la forma de concerbir el balonpie (y debería estudiarse su real efectividad en el desarrollo de los partidos), la calidad de las selecciones, incluida las naciones debutantes, ha sido sorprendente al hacer cara a las más poderosas selecciones. Es triste reconocerlo, pero aumentar a 48 selecciones en vez de arruinar la calidad de la competición ha reflejado un fútbol más global, en donde hay una mayor igualdad de condiciones entre los equipos participantes.
El éxito del mundial también ha sido para el canal que transmite la copa del mundo en nuestro país, Chilevisión. En estas cuatro semanas que llevamos de mundial las trasmisiones de fútbol han liderado las preferencias del público, alcanzando los más altos ratings registrados por el nuevo sistema de medición de sintonía, superando con creces a las noches del Festival de Viña. La señal de Pedro Montt supo reconocer anticipadamente que el mundial es el mundial, y que por mucho que Chile haya quedado última en las clasificatorias, la copa del mundo es un evento que genera el interés del público. Así ya se observaba desde algunas semanas antes del mundial, cuando muchos apostabamos un evento opaco, miles hacían filas para intercambiar las láminas del álbum del mundial.
Y es aquí donde vemos como la televisión en general ha reducido su capacidad de observar al gran público. La televisión local se quedó recluido a una clase de público, y parece haber perdido la transversalidad que siempre tuvo. Es triste ver en los matinales (exceptuando el de CHV, aprovechando el éxito de sus transmisiones mundialistas) no han hablado siquiera un segmento comentando algo sobre la copa del mundo, como si no saben cual es el evento que todavía congrega la atención de millones de seres humanos a lo largo del orbe, más allá del género, las razas y las creencias. Hay una miopía en creer incluso que ese público objetivo de la televisión chilena actual no es inmune a un fenómeno que cada cuatro años llama la atención incluso de los que no son futbolizados y que a medida que se avanza hacia los juegos finales, la atención solo aumenta.
Todos los argumentos en torno al desinterés del mundial porque la selección chilena no juega, o porque no había ánimo mundialista las semanas previas deberían ser ignoradas. Chile ha estado fuera más mundiales de los que ha disputado y siempre el mundial ha generado la atención masiva del público. Y al menos los últimos dos mundiales también existían suspicacias en torno al éxito de la copa del mundo y terminaron siendo los fenómenos mediáticos de siempre. Creo que la experiencia del mundial del 2026 debe ser un llamado de atención para los ejecutivos de los canales de televisión para que tomen al mundial como algo que siempre ha sido valioso para el espectador, y que para la próxima negociación se la tomen en serio. Tal vez incluso podamos ver en televisión abierta más partidos de los que hoy tenemos. Quien sabe.
