El panel de Mesa Central, espacio que históricamente ha sido cuestionado por su cercanía con las élites y el discurso oficialista, volvió a ser el centro de la polémica tras las declaraciones de uno de sus integrantes más visibles, Kike Mujica. Durante la discusión sobre la reforma tributaria y el impacto de las encuestas en la figura de José Antonio Kast, Mujica no escatimó en descalificaciones implícitas hacia la ciudadanía, sugiriendo que la complejidad técnica del debate supera el entendimiento del “chileno promedio”.

El “ninguneo” como argumento político

La discusión se centraba en por qué un alto porcentaje de la población aún no logra decodificar si las reformas propuestas favorecen a los sectores más acomodados o a los más vulnerables. Ante esto, Mujica intervino con una frase que rápidamente se viralizó por su tono condescendiente: “Cuando hablamos de impuestos, la gente con suerte entiende el IVA”.

Para el panelista, la falta de apoyo o el escepticismo ciudadano no respondería a una evaluación crítica de las políticas públicas, sino a una supuesta ignorancia estructural sobre conceptos como el “crédito a las empresas”. Esta postura no solo desestima el juicio del votante, sino que intenta blindar las propuestas del sector oficialista bajo un manto de “superioridad técnica” que solo los expertos del panel parecen poseer.

El blindaje comunicacional a la gestión de Kast

Mujica también aprovechó el espacio para analizar el framing o encuadre de la comunicación gubernamental. Según su visión, el problema de la administración de Kast no ha sido el fondo de sus propuestas, sino un error de “etiquetado”. Citando a Sebastián Edwards, Mujica defendió que el proyecto debió presentarse desde el primer minuto como un plan de “reconstrucción y empleo”, lamentando que el discurso oficial se “enredara” en tecnicismos antes de adoptar este eslogan más digerible.

Esta lectura crítica, lejos de cuestionar la viabilidad o el impacto social de las medidas, se enfoca exclusivamente en la eficiencia del marketing político. El análisis de Mesa Central parece confirmar una vez más su rol como una caja de resonancia de las preocupaciones de la clase política, donde la opinión pública es tratada como un objeto de manipulación comunicacional y no como un actor con criterio propio.

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