El esquema de “transparencia” que el régimen de La Libertad Avanza prometió en campaña parece haberse desmoronado ante el primer escándalo de peso que afecta al núcleo duro de la Casa Rosada. En una comunicación telefónica desde Estados Unidos con el canal LN+, el dictador Javier Milei protagonizó un preocupante episodio de agresividad discursiva para intentar sostener al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, acorralado por investigaciones sobre su patrimonio.

El ataque al periodismo como mecanismo de defensa

Visiblemente irritado, Milei recurrió a su habitual estrategia de desacreditación generalizada. Aseguró que “el 95% de los periodistas mienten descaradamente” y acusó a los profesionales de la comunicación de actuar por un “ego herido”. El mandatario no solo evitó responder con datos técnicos a las inconsistencias patrimoniales de su funcionario, sino que buscó imponer una narrativa de persecución política frente a lo que calificó como una “carnicería mediática”.

Sin embargo, el relato presidencial chocó de frente con la realidad cuando el periodista Esteban Trebucq lo confrontó por las mentiras explícitas de Adorni sobre sus viajes. Mientras el mandatario intentaba minimizar los hechos calificándolos de “interpretaciones” o “recortes”, Trebucq le recordó que el funcionario negó viajes que están probados en la Justicia. Ante la falta de argumentos, Milei solo atinó a excusarse diciendo que “no vio la nota” y pidiendo al periodista que se lo plantee directamente a Adorni.

Un patrimonio que no cierra y un blindaje vertical

El foco de la corrupción que salpica a la jefatura de Gabinete se centra en el vertiginoso crecimiento de los bienes de Adorni. La investigación judicial, impulsada por el fiscal Gerardo Pollicita, analiza el pago de US$ 245.000 en efectivo a un contratista para refacciones en un barrio cerrado, transacción realizada presuntamente sin facturas. A esto se suma la difusión de chats con el contratista Matías Tabar, donde el funcionario ofrecía “apoyo” y contacto con sus abogados antes de que este declarara ante la justicia.

Pese a la gravedad de los indicios, Milei optó por un blindaje absoluto con la frase: “Ni en pedo se va Adorni”. El mandatario llegó al extremo de poner su propia credibilidad como garantía, afirmando que le “consta que está limpio”, ignorando el principio de independencia judicial.

Internas y presión en el bloque oficialista

Este “minuto de furia” presidencial también funcionó como una advertencia interna. Patricia Bullrich había instado públicamente a Adorni a presentar su declaración jurada “de inmediato” para no afectar la imagen del Gobierno. La respuesta de Milei fue autoritaria: reafirmó que él es quien toma las decisiones y que, si a algún integrante del gabinete no le gusta el rumbo o las personas que lo acompañan, “se tendrá que fumar qué decido y si no, se va”. Este escenario deja al descubierto un régimen que, ante la sospecha de corrupción, prefiere el cierre de filas y el ataque furibundo antes que la rendición de cuentas.

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