El Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar ha trascendido su rol como mero espectáculo de entretenimiento para consolidarse como un pilar de la identidad cultural y el desarrollo económico regional. En el marco de la gala inaugural, la alcaldesa Macarena Ripamonti ofreció un discurso centrado en la propiedad simbólica del evento, alejándolo de las estructuras institucionales para entregarlo a la ciudadanía. Según la autoridad, el certamen debe ser visto como un activo nacional que requiere el resguardo de todos los sectores del país.
“Este festival, quiero decirle a todos, cuidémoslo porque es de todos los chilenos. Viña del Mar se vuelve la protagonista de todo Chile”, afirmó Ripamonti, apelando a un sentido de unidad nacional. Esta perspectiva busca blindar al evento frente a las críticas, posicionándolo como una institución cultural que pertenece al afecto y respeto del público general, más allá de la administración de turno o los intereses de las productoras.
El impacto económico en los barrios viñamarinos
Uno de los puntos clave del análisis de la gestión actual es la justificación del gasto público a través de la rentabilidad social y económica. La alcaldesa enfatizó que la magnitud del festival se traduce en beneficios directos para los habitantes de la comuna, respondiendo de forma implícita a los cuestionamientos sobre la inversión en espectáculos de alta visibilidad.
“Aquí en la comuna genera empleo, más de 5.000 empleos. Personas de Nueva Aurora, de Forestal, de todo Viña del Mar pueden emplearse, trabajar, generar desarrollo económico”, explicó la jefa comunal. Al mencionar sectores populares como Nueva Aurora y Forestal, el relato oficial busca conectar la sofisticación de la alfombra roja con la realidad territorial de los vecinos, validando el evento como una herramienta de movilidad y sustento para las familias locales.
Democratización y cultura popular
La administración municipal ha hecho hincapié en romper la percepción del festival como un espacio exclusivo para las élites o los medios de comunicación. Durante la jornada, se destacó la presencia de 3.000 personas en las graderías que accedieron de forma gratuita, un gesto que refuerza la narrativa de apertura hacia la comunidad.
“El festival de Viña no le pertenece particularmente a las autoridades, ni a los medios de comunicación, ni a una productora… es parte de la cultura popular del país”, señaló Ripamonti. Esta definición busca asentar al certamen como una expresión de la identidad colectiva, donde la participación ciudadana es el eje central de la celebración.
Reconocimiento a la industria creativa
Finalmente, la autoridad dedicó un espacio para visibilizar el trabajo de quienes operan detrás de cámaras, mencionando específicamente a diseñadores y costureras. Este reconocimiento a la “industria invisible” alinea su postura política con la valoración del trabajo manual y el esfuerzo técnico. “Una gala cercana, una gala con los vecinos, una gala con entrada liberada”, concluyó la alcaldesa a través de sus canales oficiales, reafirmando su orgullo por la ciudad y el talento local presente en el evento.
