Últimamente ha ganado gran vitrina en los medios la proliferación de los “Therians”, individuos que aseguran identificarse biológica o espiritualmente como animales.
En el matinal “Tu Día” (Canal 13) la periodista Ana María Silva habló de este grupo que ya tiene presencia física en espacios públicos de Santiago, como la Plaza Ñuñoa, donde se han reportado avistamientos de personas caracterizadas con orejas y colas, adoptando comportamientos como caminar en cuatro patas o emitir sonidos animales.
La discusión mediática escaló rápidamente tras denuncias de incidentes que involucran a adolescentes. “Está proliferando mucho en Argentina y ya llegó a Chile”, advirtió la conductora Priscilla Vargas, subrayando la rapidez con la que estas comunidades buscan reconocimiento en entornos académicos y sociales. Sin embargo, la preocupación central no radica solo en la estética, sino en la transgresión de las normas de convivencia básica.
El conductor José Luis Repenning manifestó una postura crítica frente a la exigencia de validación de estas conductas: “Si ellos se quieren creer animales, fantástico, pero a mí no me metan en el cuento (…) ¿Obligarme a mí a que le diga ‘Señor Perro’?”. Esta tensión refleja una resistencia ciudadana ante fenómenos que, bajo la premisa de la libertad individual, parecen entorpecer el orden público y la interacción social tradicional.
¿Una cortina de humo transandina?
Resulta imperativo analizar el origen de esta tendencia. La moda de los “Therians” ha ganado tracción en Argentina precisamente en un contexto de alta sensibilidad política y social. Mientras los medios de comunicación saturan sus pautas con imágenes de personas reptando en semáforos, el Congreso argentino avanza en la aprobación de reformas laborales impulsadas por el gobierno de Javier Milei.
Diversos usuarios en redes sociales sugieren que el impulso mediático otorgado a los “Therians” podría funcionar como un “psicosocial”: un distractor diseñado para desviar la atención de la opinión pública de temas estructurales, como la regresión en derechos laborales y las masivas protestas en contra del ajuste económico. La espectacularización de lo bizarro en televisión abierta chilena y argentina actúa, en la práctica, como un sedante frente a debates que afectan directamente la calidad de vida de los trabajadores.
La crítica al rol de los medios
El enfoque humorístico o de indignación superficial —ejemplificado en la frase “nos merecemos el meteorito” repetida en el panel de Canal 13— evita profundizar en por qué estos fenómenos se vuelven virales en momentos de crisis. Al priorizar el impacto visual de un “humano-gato” sobre la profundidad de una reforma laboral transfronteriza, el periodismo corre el riesgo de convertirse en un engranaje más de la desinformación por omisión.
