El Festival de Viña del Mar de 1991 marcó un hito por varias razones, pero una destaca sobre el resto: el debut del grupo nacional Los Prisioneros. Tras años de espera, la banda ofreció dos jornadas que hicieron vibrar los cimientos de la Quinta Vergara.
El público, los locutores y los discjockeys de la época encumbraron a la agrupación liderada por Jorge González como un fenómeno de masas, pese a las severas limitaciones y censuras que enfrentaron durante la Dictadura Cívico-Militar (1973-1990).
El camino pedregoso hacia la Quinta
Desde el lanzamiento de La Voz de los ’80, el trío conformado por Jorge González, Claudio Narea y Miguel Tapia capturó la atención de la juventud, la prensa y sus pares músicos. Su éxito radicaba en una fórmula infalible: un sonido que mezclaba rock, new wave y punk —con claras influencias de The Clash— y letras contestatarias que desafiaban al régimen de Pinochet y diseccionaban la “cultura pop” en himnos como “Quieren dinero”, “El baile de los que sobran” o “Sexo”.

El clamor popular era evidente. Un ejemplo claro ocurrió en noviembre de 1986, durante el lanzamiento de Pateando Piedras en el Estadio Chile: el público exigió al unísono: “¡En Viña los queremos!”.
El veto de 1987
La edición de 1987 fue clave para el “Rock Latino”, con la presencia de Soda Stereo, G.I.T., Cinema y Upa!. Aunque el nombre de Los Prisioneros figuraba entre los candidatos lógicos, el régimen bloqueó su participación. Las autoridades de la época, tanto en TVN como en la DINACOS (el aparato de propaganda de la Secretaría General de Gobierno), vetaron a la banda por su abierta oposición a la dictadura.

Meses después, Jorge González explicó esta censura en una entrevista para el documental Teleanálisis:
“Prohibiciones como esa, como la del Festival de Viña, ocurren porque mucha gente cree que si nos subimos a un escenario podemos dejar cualquier cagada de repente. Lo que es cierto”, afirmó González con su honestidad habitual.
Resistencia y triunfo
1987 no solo trajo el veto en Viña; fue un año complejo para el grupo. Si bien lanzaron La Cultura de la Basura, la DIGEDER (hoy IND) clausuró varios gimnasios para impedir su gira, forzándolos a realizar pocas presentaciones y, finalmente, a salir de Chile.
Fieles a su estilo, González, Tapia y Narea no se quedaron callados. Tras la negativa del festival, hicieron un llamado explícito a “Votar No” en el plebiscito, una postura que más tarde plasmaron en la canción “Zombie” (incluida en el compilatorio Ni por la razón, ni por la fuerza de 1996). Su llegada a la Quinta en 1991 no fue solo un concierto, fue el triunfo de la persistencia.
Viña 1991: El esperado debut de Los Prisioneros
Tuvieron que pasar cuatro años, un plebiscito que puso fin a la dictadura y la elección de Patricio Aylwin como presidente para que la banda finalmente pisara el escenario de la Quinta Vergara. El contexto político ya no era un muro, sino la puerta de entrada para los sanmiguelinos.
En 1990, el grupo lanzó su cuarta producción, Corazones, un éxito rotundo en Chile y Latinoamérica gracias a himnos como “Tren al sur”, “Corazones rojos” y “Estrechez de corazón”. No obstante, el grupo llegaba con una formación distinta: Claudio Narea había abandonado la banda en 1989, un quiebre que el propio guitarrista detalló años después en su libro Los Prisioneros: Biografía de una amistad.
A pesar de la ausencia de Narea, el peso histórico del grupo se mantuvo intacto. Jorge González y Miguel Tapia, los miembros originales, lideraron esta nueva etapa junto a Cecilia Aguayo y Robert Rodríguez, demostrando que la esencia de la banda seguía vigente para enfrentar el desafío del certamen.
Ese año, el cartel del festival lucía estelar. Los Prisioneros compartieron escenario con figuras nacionales como Myriam Hernández y el grupo Congreso, además de estrellas internacionales de la talla de Chayanne, Juan Luis Guerra, Faith No More y Martika.
La confianza del líder era evidente. En una entrevista para Sábado Gigante, previa a sus presentaciones, Jorge González declaró con seguridad:
“Ahora ya tenemos cuatro discos y nuestras canciones las han pasado harto por las radios, así que vamos a poder hacer un show más completo”.
La primera presentación: Un éxito lleno de hits
El esperado debut ocurrió el viernes 8 de febrero. La banda diseñó un setlist sólido que recorrió sus cuatro álbumes, equilibrando la nostalgia de los ochenta con el sonido fresco de su etapa electrónica.
El show arrancó con “Estrechez de corazón”, que en ese momento dominaba los rankings radiales y encendió de inmediato a la Quinta Vergara. La energía sobre el escenario fue tan contagiosa que, durante la interpretación de “El baile de los que sobran”, figuras de la música chilena como René Inostroza y el emblemático vocalista de Los Jaivas, Eduardo “Gato” Alquinta, se pusieron de pie para ovacionar el himno de una generación.

Jurado Folclórico en el Festival de Viña de 1991.
El cierre y la tensión con la prensa
La segunda presentación de la banda ocurrió la noche del 10 de febrero, durante la jornada de clausura del certamen. En los días previos, el grupo tuvo que lidiar con el acoso constante de los medios de comunicación, que buscaban desesperadamente la cuota de polémica de Jorge González.
Fiel a su estilo, el vocalista marcó distancia. En una entrevista para el programa Éxito de Canal 13, González fue tajante:
“No me gusta dar entrevistas a propósito de nada. Uno tiene que hablar cuando hay una ocasión que lo amerite y no hablar por hablar, o por rellenar páginas”.
Bajo la premisa de que “un artista se debe a su público, pero no a la prensa”, el líder de la banda llevó esa postura al escenario. Antes de interpretar por última vez “Estrechez de corazón”, lanzó una declaración de principios que quedó para la historia: “Nosotros no tocamos ni para la prensa, ni para los críticos, ni para la tele. Tocamos solamente para ustedes”.
Un repertorio moderno y un público inesperado
A diferencia de la primera noche, este segundo show se centró más en el disco Corazones, incluyendo temas como “Es demasiado triste” y “Con suavidad”. Incluso hubo espacio para que Miguel Tapia tomara el protagonismo vocal con el clásico “¿Quién mató a Marilyn?”.
La transversalidad de la banda quedó demostrada incluso en la platea. Entre los espectadores se encontraban figuras de la centroderecha de la época: un cauteloso diputado Andrés Allamand, que observaba con sigilo, y el entonces senador Sebastián Piñera, a quien las cámaras captaron moviéndose al ritmo de la banda de San Miguel.
Sin dudas que el show de “Los Prisioneros” en el Festival de Viña del Mar en 1991, entró a la historia ya que muchos fans esperaron muchos años por ver al grupo liderado por Jorge González arriba del escenario más importante de la escena latinoamericana.
