El conflicto entre Sergio Rojas y la familia Araneda-Vacarezza escaló a un nivel inesperado durante los últimos días, luego de que el periodista insistiera en defender sus comentarios sobre la adopción del hijo menor del matrimonio. Lejos de rectificar o moderar su postura, Rojas optó por intensificar el enfrentamiento, dirigiendo nuevas acusaciones y declaraciones que ampliaron el alcance del escándalo.

Todo comenzó cuando, en su programa Que te lo digo, Rojas cuestionó públicamente la exposición mediática del menor adoptado por Rafael Araneda y Marcela Vacarezza. Sus palabras generaron rechazo transversal en redes sociales y entre figuras del espectáculo, además de motivar una denuncia formal ante el Consejo Nacional de Televisión por parte de la familia y la Defensoría de la Niñez.

En lugar de asumir responsabilidad por el impacto de sus dichos, Rojas respondió con un discurso aún más confrontacional. En pantalla, afirmó que había “tocado” a Araneda y aseguró que el animador formaría parte de una “mafia televisiva”, acusación que extendió a otros rostros del medio. También sostuvo que contaba con antecedentes sobre supuestas maniobras en su contra y desafió públicamente a la familia a llevar el caso a tribunales.

El periodista incluso ironizó con rumores sobre el eventual fin de su programa, atribuyendo estas versiones a presiones externas. Aunque luego desmintió la información, su reacción reforzó la idea de que interpreta las críticas como parte de un complot en su contra, más que como una respuesta legítima a sus declaraciones sobre un tema sensible como la adopción y los derechos de la infancia.

Repudio transversal a los dichos de Sergio Rojas mientras él se niega a rectificar

Mientras tanto, voces del espectáculo —incluyendo a Diana Bolocco, Pamela Díaz y otros rostros— han cuestionado la postura de Rojas, señalando que su reacción no contribuye a un debate responsable y que su insistencia en hablar de “mafias” desvía la atención del punto central: el resguardo de un menor expuesto sin posibilidad de decidir sobre su imagen pública.

El episodio deja en evidencia un problema mayor: la dificultad de algunos comunicadores para reconocer límites éticos cuando se trata de infancia y vida privada. En vez de reflexionar sobre ello, Rojas optó por escalar el conflicto, tensionando aún más su posición en la industria y dejando abierta la discusión sobre su futuro laboral.

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