La nueva campaña de fin de año de Havaianas, protagonizada por la actriz Fernanda Torres, generó una reacción inmediata entre figuras y simpatizantes del bolsonarismo, quienes acusaron a la marca de emitir un mensaje político por la frase: “No quiero que usted comience 2026 con el pie derecho”. El llamado de la actriz a iniciar el año “con los dos pies” fue interpretado por sectores de la derecha como una referencia ideológica, pese a que el comercial enfatiza una actitud activa y no un gesto político.
El exdiputado Eduardo Bolsonaro publicó un video en el que arroja un par de sandalias Havaianas a la basura, anunciando un boicot a la marca. En la grabación, afirma: “Ellos escogieron como imagen de la sandalia a una persona declaradamente de izquierda (…) y todavía dice para que usted no comience el año con el pie derecho”. También sugiere que el departamento de marketing de la empresa debería “buscar consejo” en una marca de cervezas estadounidense que, según él, habría tenido pérdidas por desconectarse de su público.
El comercial, sin embargo, se limita a un mensaje motivacional. “Disculpa, pero no quiero que empieces 2026 con el pie derecho. (…) Lo que deseo es que empieces el Año Nuevo con los dos pies. Los dos pies en la puerta, los dos pies en el camino, los dos pies donde tú quieras. Ve con todo”.
A pesar de la intensidad del boicot en redes sociales, no hay evidencia de que la campaña haya tenido un impacto comercial negativo. La marca no se ha pronunciado hasta el momento, y Torres tampoco ha comentado públicamente la controversia.
Una frase que provocó una desproporcionada reacción de la ultraderecha brasilera
El caso revela cómo expresiones coloquiales o metáforas pueden ser reinterpretadas como provocaciones políticas en un clima polarizado. También muestra la rapidez con que sectores organizados pueden transformar una campaña publicitaria en un campo de batalla ideológico, incluso cuando el mensaje original no contiene referencias políticas explícitas.
Esto solamente demuestra que el bolsonarismo, tanto como el activismo de ultraderecha, tiene el mismo raciocinio de un niño de dos años.
