Han pasado 48 horas desde que finalizó la última Teletón, y hay una frase que me quedó rondando desde que acabó el evento.
Esa la dijo el joven cantante nacional Nico Ruiz, quien afirmó que, antes que el cansancio, el sueño o el agotamiento de quienes conformaban el Pulso Regional, la causa está primero.
Y es una verdad inmutable: la obra de la Teletón siempre debe primar por sobre los animadores, los auspiciadores, las figuras y hasta del propio Don Francisco, quien hace años se retiró de ser la figura central.
Y es que, al recordar, el polémico episodio donde ciertas páginas ligadas al mundo de la “farándula” acusaban discriminación por parte de la Fundación al no ser acreditadas para cubrir el evento, nos encontramos con un contraste evidente.
Los reclamos desairados, carentes de sentido común, de figuras como Sergio Rojas o Danilo 21, se hacen inentendibles cuando el foco principal es el apoyo a la cruzada que debe mantener la labor de la rehabilitación de los niños discapacitados.
Dentro de su cizañero y sempiterno comportamiento, tal como si fuese un mal perdedor tras una carrera, su actitud no deja otra explicación más que la de quienes no entienden que lo importante es abordar la campaña, más que la polémica gratuita y sin sentido.
Mientras el país se unía en un esfuerzo monumental para garantizar la terapia de miles de niños, un grupo se enfocaba en la acreditación, una medalla para su propio ego. Exigir la credencial es priorizar salir en la foto, por sobre el real apoyo.
Todos nosotros un día podemos quedar fuera del evento central, pero siempre estaremos ahí para colaborar. La mano nunca se le puede negar a la Teletón. Ya que, quienes siempre deben primar son los niños y el cariño a sus padres que TODOS LOS DÍAS luchan por un futuro mejor para los infantes.
La Teletón no necesita de actitudes negativistas, ni de polémicas que no consiguen nada. Sino que necesita llegar con el mensaje a la distancia para que cientos y miles de chilenos puedan colaborar.
Eso afortunadamente se logró, y los resultados están a la vista. Se ha cumplido el propósito.
Nuestra meta no fue la cifra de $44 mil millones de pesos, sino que millones de chilenos tomaran su celular para donar, o salieran de su hogar para dirigirse en familia al banco.
Eso es lo que nos enaltece como gremio y como país, decir: ¡Misión cumplida!. Porque nuestra propia meta, la de la movilización, se cumplió. Al igual que la de la Teletón.
El verdadero protagonista de esta historia no fue el animador, el artista o el periodista acreditado, sino el ciudadano que, con $1.000 en la mano, demostró que la verdadera importancia está en la acción, no en la aparición.
